UN DULCE PARA LOS OÍDOS
Escrito en General, vídeos | Etiquetas:tiramisú de limón
TOROS
Después de burlar a la muerte con una media verónica magistralmente ejecutada, decidí hacerme un buen regalo.
De igual forma que Manolete se encontró con Islero, y Paquirri con Avispado, no sea que Barrenado se encuentre con otra gripe A.
A puerta gayola la espero, por cierto.
Me compré un estupendo, a priori, ordenador personal portátil. Una impresionante computadora con un físico impresionante.
¿Y de cara?
De cara, carísima.
Y qué guapas eran las tres. Y digo bien. La que ahora se deja toquetear por mis torpes dedos, es la tercera.
Todo me pasa a mí. Las tres tienen, dos de ellas supongo que seguirán teniendo porque las devolví, problemas en los altavoces, un chisporroteo, un constante crepitar.
Después de varios cabreos, de varias discusiones con unos señores que lo único que saben es limpiar y reponer estanterías, decidí indagar por mi cuenta y elevar mis quejas al mismísimo fabricante. El problema viene por una descompensación en el reparto del flujo eléctrico que pasa por ellos. Me indicaron un programa para instalar y que ajustaría ese desajuste y eliminaría la corriente estática acumulada.
Supongo que cualquiera que pueda leer esto puede hacerse una ligera idea del trabajo que lleva ajustar un ordenador nuevo, y ya no sólo el traslado de archivos sino la instalación y verificación de muchos programas, nunca pensé que tantos, la verdad.
¿Y aquello que hacía esto qué programa sería?
¿Dónde coño está esto, aquello y lo de más allá?
Un desastre, la verdad. Si encima lo hay que multiplicar por tres, un puto desastre.
Y aún sigo tosiendo. Me consuela saber que lo hice encima del teclado de los otros dos, con lo que espero haberles contagiado la gripe A a todos los que me han obligados a mentar a sus madres sin culpa alguna por parte de ellas.
Sigo a la espera de solución por parte del fabricante, pero de otra forma estoy muy contento con la nueva adquisición. La verdad es que uno se acostumbra enseguida a ese crepitar ocasional y no constante, que además no influye en el sonido, más bien todo lo contrario, es en el más absoluto de los silencios cuando se oye. Pero me ha costado una pasta y lo quiero bien.
Y de otra forma bien, pero qué hermosa que es la vida del que no trabaja.
Y que lo tienen muy claro, que estoy dispuesto a entrar a matar y salir por la puerta grande.
Me aprieto los machos y …………………………………..
Escrito en General | Etiquetas:reflexiones, pensamientos, todomepasaami
RESENTIDO
Soy de la opinión de que uno camina por la vida con sus miedos, sus obsesiones y sus resentimientos. Si bien nada viene de fábrica, pronto vamos acumulando, unos más y otros menos. La mayor parte de esta carga negativa que transportamos, nos deshacemos de ella enfrentándonos al problema y superándolo o aceptándolo. La solución más llevadera, o de andar por casa, es subyugarlo y dejarlo en un segundo plano, que no moleste, pero a la larga acaba apareciendo y haciéndonos daño o haciéndonos hacer daño.
Conste que me refiero a cosas sencillas y ufanas, a sentimientos más o menos normales, los traumas, fobias o enfermedades mentales, aunque de carácter leve, merecen otra atención, probablemente profesional, que escapa a mis humildes conocimientos y a mis intereses.
Llevo dos días que me levanto a las 10 de la mañana, ronroneo por casa y me doy un breve paseo hasta un bar donde gusto de leer la prensa apaciblemente. Retomo el camino de vuelta y me tomo unos aguas en sesión vermut, lo que se llamaría irse de vinos en camaradería, pero ni mi salud ni mis gustos me permiten usar el alcohol y tampoco debo abusar del café.
Como, duermo una plácida siesta, me peleo un poco con el ordenador (ya contaré mis peleas), y a la hora en que antes salía de trabajar, me tomo un café y unos aguas. Lo que se llamaría irse de cervezas en camaradería, pero con agua. Vuelvo a casa, ceno, me peleo un poco con el ordenador y leo en la cama hasta que el sueño me vence, que caprichosamente suele ser al filo de las 2 de la madrugada.
Una vida perfecta, si a eso le añadimos una hora de piscina, de bicicleta o de footing, tres cosas que por cierto me gustan, bien por la mañana o por la tarde, sería una vida perfecta y feliz.
Comentaba esto en el bar con un amigo prejubilado, de lo fácil que me acostumbraría yo a no trabajar, y de lo rápido que ocuparía el tiempo y esas cosas. Decía que uno llega a cansar, que rápido se convierte en rutina todo y que, aunque estuviera muy mal que él lo dijese por lo afortunado que era, se llegaba a sentir uno un inútil.
La ira, la cólera se apoderó de mí sin atisbar de dónde me venía y, poniendo el grito en el cielo, me salió de muy adentro:
¡Inútil!, Inútil me siento yo que con una carrera universitaria, un título de formación profesional de grado medio y varios cursos postgrado trabajo de peón compartiendo categoría con un deficiente mental vago, cabrón y mala persona cuyo único bien es compartir apellido con un alto cargo corrupto y que se jacta burlonamente de cobrar más que yo sin hacer nada sólo por ser sobrino de quien es.
¡Eso es sentirse inútil!.
Yo, persona tranquila, callada y tímida rayando la cobardía, me descubrí el centro de las miradas de todo el bar. Levante ambas manos en signo de perdón, agaché la cabeza y entre dientes pedí perdón a mi contertulio aludiendo a que no sabía lo que me había pasado. El también me pidió perdón porque no quería molestarme por su privilegiada situación frente a la mía y yo volví a pedirle perdón y a decirle que no había sido culpa de eso el que estallará así y así, entre pedidas de perdón mutuas, cambiamos de bar y me sacudí la vergüenza pasada.
Así es que soy un tío frustrado, quemado con el enchufado de turno que me ha tocado sufrir y mal a gusto con la situación laboral que padece. Lo llevo conmigo, lo tolero pero no por ello deja de estar ahí, aunque no moleste continuamente. Soy un tío resentido, y ese resentimiento sale cuando menos se lo espera uno.
Afortunadamente sólo me costó pasar un poco de vergüenza, pero podría haber perdido una amistad o quién sabe, porque si me llega a salir en otras circunstancias y con otra gente ………
Escrito en General | Etiquetas:pensamientos, reflexiones, RESENTIMIENTO
GRIPE A
Soy un héroe. Un superviviente.
Cualquiera de los dos términos me viene bien.
Se supone que lo explicaré, o que debería explicarlo, pero es que tentado acabo de estar a dejarlo así.
He pasado la gripe A.
Todo comenzó un lluvioso viernes que llegué a casa cansado, hace dos para ser exacto.
Iba a hacer un montón de cosas, como siempre, pero las fui dejando hasta meterme en la cama relativamente temprano después de haber cenado relativamente poco. El sábado me desperté, fui a la ventana y al ver que el día no había mejorado mucho con respecto al anterior, lluvia y deprimente neblina, volví a la cama. Hasta ahí todo aparentemente normal, pero me levanté a comer y volví a la cama cansado. Salí ya tarde a dar una vuelta que duró menos de media hora, estaba cansado y creí que me estaba dando la gripe, la normal, con lo que cené algo, me tomé un sobre de antigripal y a la cama.
El Domingo me lo pasé entero en la cama, salí a la farmacia de guardia a por antigripal, pero fue lo único que me separó de la cama.
El lunes fui al trabajo, pero a las dos horas tuve que volver a casa. No fue hasta el martes cuando fui al médico. Realmente fui porque ya no podía más, 39.5 de fiebre me empujaron a ello.
Dormí hasta el viernes, que tuve que volver al médico, y volví a dormir hasta hoy lunes por la mañana, que creo que he superado el trance.
Nadie piense que es por resumir, que sé que debería, pero todo fue dormir.
Supongo que habrá diferentes cepas, como les llaman, diferentes formas con diferentes virulencias, pero lo mío fue así, dormir.
Ni tan grave como dicen, ni tan poco como parece, pero básicamente dormir.
Por momentos creí haberme pinchado con una rueca.
El caso es que he pasado la gripe A y me dio con mucho cansancio, dolores musculares, fiebre y tos seca, no hubo más. Y la pasé con paracetamol y un jarabe antitusivo.
Y aquí estoy frente al teclado, dispuesto a seguir poniendo negro sobre blanco, a mi manera.
Creo que aún me estoy despertando de este largo letargo al que involuntariamente me he visto sometido.
Aún sigo dando guerra.
PARACETAMOL
Dos días de cama.
Tampoco puedo quejarme porque me encanta la cama, prefiero compartirla, pero solo también se está bien.
A media tarde me encontré vencido. Soy un buen hipocondriaco, pero no me gustan los medicamentos. No tuve más remedio que ir a la farmacia de guardia a por paracetamol, por decir algo, porque no quiero hacer publicidad de medicamentos.
El caso es que entré en la farmacia, pedí lo mío, y un chaval, más feo que yo, por supuesto, y más viejo, aparentemente seguro, porque yo aparento muchos menos de los que tengo aún con fiebre. Me encanta adularme con fruición.
Queda por decir, antes de que me pierda otra vez, que eran dos mujeres las dependientas de la farmacia, y el chico en cuestión pidió una cajita de compresas. La chica empezó a reírse y justo antes de que me diera tiempo a decir cualquier burrada, porque me estaba pareciendo retroceder en el tiempo, añadió:
- Me río porque he de preguntarte que con alas o sin ellas y ……
- No sé, vosotras sabréis que sois mujeres.
- La diferencia es en cuestión de gusto o de comodidad, no sé, cada una ……..
- Sin alas mismo, no sea que vaya a echar a volar, je je je
Evidentemente el chiste era de esperar, pocas salidas le quedaban al chaval para salir airoso de la incómoda situación. Mi febril sonrisa de complicidad creo que ayudó algo, al menos eso intenté, pero en ese momento creo que la realidad superaba la ficción, era como un chiste fácil interpretado en directo.
Recogí mi cambio, cargué el paquete en la mano y me despedí cordialmente, entre cómplices sonrisas.
A punto estuve de decirle que cogiera también un frasco de colirio, puesto que si la mujer necesitaba eso, tendría una buena tarde de vídeoconsola, o de televisión o de ordenador.
Pero ya serían demasiados chistes reales para una vez.
Lo malo que estoy y lo poco que me quejo.
Escrito en General
LÓGICA
Hoy comí mucho, bien, pero mucho.
Aún buscaba con la lengua restos del merengue de la tarta cuando arrancaba la furgoneta para ir a trabajar.
Llovía.
Me apetecía llorar.
Tener que volver a meterme en los pantalones que había dejado secando me crispaba. Volver a chapotear en el barro me horrorizaba. La idea misma de tener que trabajar me dolía.
Resoplaba mientras mis ojos trataban de acostumbrarse al baile de los limpiaparabrisas.
Mi compañero balbuceaba algo a mi lado.
El desánimo anidó en mí. Las ganas de llorar que no las lágrimas, me invadían.
Mi compañero seguía hablando a mi lado y yo como quien oye llover, contemplando la niebla y la lluvia, viendo y oyendo llover.
A cada minuto se ponía más fea la cosa.
En el semáforo miré a mi compañero, seguía hablando y parecía no haberse percatado que no le hacía ningún caso, y en ese momento presté atención.
- Si es que está muy claro, sólo lógica. No hace falta nada frente a la lógica, sólo seguirla.
- ¿Qué lógica ni que hostias?
- Pero si te lo acabo de explicar ….
- La lógica no existe. Vamos a ver hombre, si comiendo pasteles cagas mierda, ¿por qué no pruebas a comer mierda a ver si cagas pasteles? ¿No es lógica?
El muchacho quedó estático, mudo.
El semáforo se puso en verde y llegué al puesto de trabajo. Nos bajamos de la furgoneta y camino al vestuario despertó del estado comatoso al que le había inducido.
- ¡Oye tío!, ¡tú estás muy mal!.
- No hombre, no. Sólo fue una forma de mandarte a la mierda y de que me dejaras en paz un rato porque me estabas poniendo la cabeza como un bombo.
- ¡Ah, vale!
Me puse los fríos pantalones, las caladas botas y la húmeda chaqueta y salimos a la lluvia.
Cada uno se fue por un lado y de pronto sentí la imperiosa necesidad de llamarle a gritos:
- ¿Qué?
- No se te ocurra comer mierda, ¡eh!
Y el buen muchacho me deseo un viaje y mucho sexo, que más se puede pedir después de haber comido copiosamente, pero decidí declinar sus deseos por no ser de mi completo agrado.
- ¡Qué te den mucho por el culo!
- No, gracias.
Escrito en General
TRILOGÍA DE A LO LOCO: MAKING OFF
El sinsentido de la vida es buscarle el sentido.
Magnánima frase que me saqué no sé muy bien de dónde, pero de dentro porque es mía.
Después de un buen tiempo de sequía escritora, esta frase fue la que me relanzó al maravilloso y noble entretenimiento de la escritura. Lo cierto es que me hacía demasiadas preguntas inútiles, no era capaz de encajar más de dos frases y, en definitiva, no era capaz a escribir nada.
Abrumado por la vida real, pues uno busca refugio en la ficción, nada más sencillo, enriquecedor y estimulante.
La verdad es que últimamente me refugio mucho en la música. Pero no me parecía correcto recurrir a ella constantemente para postear, al menos eso nunca fue la idea original, aunque paulatinamente se haya alejado de ella.
Quiero escribir, necesito escribir. Escucho música, me gusta compartirla.
Aunar ambas cosas no podría ser muy difícil ya que son muy compatibles, otra cosa es que se haga bien o mal, me inclino a pensar que en mi caso, y teniendo en cuenta que me quiero mucho, podría decir que no muy mal, o no tan mal como para matarme por ello.
Y a la postre, dado que quería compartir tres canciones que suelo escuchar de seguido, es decir, como si de un bloque único se tratara van las tres seguidas, pues me decidí a inventar una breve historia para cada una que se cerrara con ella.
Y nada, que la ilusión se cebó de nuevo en mí, me acompañaron las fuerzas y saqué tiempo no sé muy bien de dónde y acometí la trilogía de “a lo loco”.
No será para ganar ningún premio, pero me ha hecho un poco más feliz estos tres días.
Si es que soy peor que un niño, con tan poca cosa y estoy alegre y contento y por unos días dejé de lado el sinsentido de buscar sentido a la vida.
A LO LOCO III
Me bajé de la montaña aburrido.
Era feliz, pero me aburría. Fue una muy difícil decisión, y dado el calibre de la misma, decidí quemar las naves tras de mí para no dejar hueco al arrepentimiento.
Cogí lo único relativamente valioso que había, una pistola. Relativamente porque podría perder todo su valor en cuanto perdiera el resto.
¿Para qué una pistola en la ciudad?, en el monte puede tener su sentido, puedes ser atacado por la fieras, por las bípedas también, y estaría justificado su uso. En caso de un uso injustificado siempre habría cabida al ¿qué coño buscaba allí?.
Había tiempo de sobra, pero no quería perderlo en estériles cavilaciones, me guarde la pistola y prendí fuego a la cabaña. El fuego todo lo purifica, y lo que no, lo chamusca.
Contemplé la escena al cobijo de la negra noche y vi brillar mi antigua patria.
Regresé a casa, pero antes de subir, paré en el bar de abajo.
- ¡ De lo más caro, dos!
Whisky, por supuesto.
El primero lo saboreé de un trago. El otro lo dejé para el postre.
Blandí mi pistola y dije que no iba a pagar.
- No te preocupes, invita la casa, tranquilo.
- No, no quiero que invite la casa, lo que quiero es no pagar.
Ahí confieso que perdí un poco la compostura. Apreté el gatillo con poco convencimiento, hacía mucho que no la usaba y no estaba muy seguro de que funcionara.
El estampido me asustó hasta a mí, menos que a los presentes, pero me asustó.
- De acuerdo, de acuerdo, no pagarás, lo que tú quieras.
- Lo que quiero es que me tengas respeto, no miedo, sino respeto.
Saqué un disco compacto del bolsillo y lo tiré al más puro estilo norteamericano del norte en el mostrador.
- ¡Ponlo!
Obedeció, y eso me tranquilizó, hasta me hizo sentirme muy bien, feliz podría decir. Apuré el otro whisky y antes de que acabara la canción, salí corriendo hacia mi casa.
Aún resuenan los últimos acordes en mis oídos.
A LO LOCO II



Entré en el baño rutinariamente como cada mañana. Cerré la ventana y abrí el grifo caliente de la ducha.
Lo primero sencillamente porque estaba abierta, lo segundo para dar ambiente.
El vapor de agua no es gas letal, era puramente ornamental.
Abrí la tapa del inodoro y sin pensar mucho la brillante idea que pasó por mi cabeza, la metí dentro. Aún no había calibrado bien la situación, era una mera toma de contacto, así es que al poco rato la saqué.
No hizo falta mucho tiempo para que llegara el segundo intento.
Esta vez mis avances fueron mucho mejores, pero infructuosos también.
Mi hombro izquierdo, orgulloso acogedor de heridas de guerra, se negaba a efectuar los mismos circenses giros que el derecho, dificultando la maniobra e impidiéndome el acceso.
El habitáculo ya presentaba el tenebroso aspecto deseado producto de la niebla artificial que me ofrecía el agua caliente, así que me decidí a meterme bajo el agua y luego enjabonarme tras cerrar el grifo.
La jabonosa capa que recubría mi cuerpo facilitó la inmersión. Esta vez logré mi objetivo.
Pero una vez allí, y después de cansarme de nadar, salí defraudado.
Necesitaba un pequeño empujón, una ayuda, necesitaba que la cisterna me impulsara un paso más, el último, el necesario.
Sopesada la situación y descartada de antemano cualquier ayuda externa por imposible, volví a enjabonarme en un postrero intento.
Me subí en la cisterna, tiré de ella y con el mismo impulso con que la accioné, me zambullí.
Dada mi más absoluta negación para cualquier tipo de deporte, incluido el salto de trampolín, me golpeé varias veces y no acerté.
Dolido, más en mi orgullo que en otra cosa, pero en otras cosas también, bajé la tapa del inodoro y me duché como todos los días desde que recuerde, concienzudamente tratando de raspar todo, hasta la mala suerte.
Me sequé, me peiné, me vestí y decidí perderme, perderme una temporada, más que nada por hacer algo, me subí en el coche y puse esta canción:
A LO LOCO
Me faltaban manos para tantas bolsas, pero me iba apañando.
Por un lado el papel y el cartón, al otro el más ruidoso, el vidrio; dos o tres envases de plástico y el grueso del conglomerado de residuos al contenedor mayor.
¿ Y yo ?, me pregunté.
Me separé unos pasos y volví a mirar. Al contenedor grande, sin duda, a parte de ser inclasificable, en los otros no cogería.
Repasé bien la situación y constaté que en los otros no entraría, pero coger debería coger.
Resoplé dos veces y me sorbí los mocos que el frío estaba tratando de robarme.
Nada, al contenedor grande. Avancé firme y de un golpe abrí por completo la tapa. Me encaramé como buenamente pude y con una pierna dentro y otra fuera me detuve de golpe.
- ¿Dónde vas?
La postura no era cómoda. El canto del contenedor se me clavaba en el pecho y la pierna no daba con su longitud para apoyarme en el suelo. Aún así no moví otra cosa que no fuera la cabeza. El conocido ¡Tierra trágame! fue sustituido por el ¡Contenedor, trágame!.
El campo de visión no era muy amplio por lo que esperé un tiempo prudencial a que me dijeran algo más, pero me cansé de la ridícula postura y seguí con mis firmes intenciones.
Logré no sin esfuerzo sentarme en el borde del contenedor y cuando cogí impulso para tirarme dentro, otra voz.
- ¿Pero a dónde vas?
La voz salía del contenedor, miré hacia abajo y me pareció distinguir una cabeza en la siniestra oscuridad del fondo.
- Adentro, ¿a dónde voy a ir?.
- Aquí ya hay muchos.
- Por eso, uno más tampoco se va a notar.
La vista se me acostumbró a la oscuridad y comencé a distinguir en la penumbra. Aquello era mucho más grande de lo que se podría uno imaginar. Comencé a ver cientos, quizás miles de pequeñas cabezas.
- De acuerdo, pero antes deberás escuchar la historia de cada uno de los que aquí estamos.
- ¡Qué va!, con la mía tengo bastante.
De un salto volví al asfalto firme, cerré el contenedor con un golpe seco y tras rodearlo, le pegué una patada, mucho más testimonial que efectiva.
Volví a casa y me senté frente al ordenador.
¡Mañana se me ocurrirá otra cosa!.
Y me puse a escuchar una canción.
