Si ayer me dolían los brazos, hoy me duelen las piernas por lo mismo. Hoy estuve sólo una hora en la huerta, pero también trabajé duro, sin producción como dirían en mi empresa, pero duro aunque no haya buenos resultados o resultados visibles.
He pensado que antes, hace unos años, soñaba con países lejanos, visitar otras tierras y buscar aventuras. En cambio ahora, me ha dado por querer trabajar la tierra, por quedarme donde estoy como si de una vuelta a los orígenes, a las propias raíces se tratase.
A ver si va a ser que ese famoso reloj biológico está tocando la alarma y me estoy haciendo mayor sin percatarme de ello.
Dicen que sobre todo en las mujeres, el instinto maternal se agudiza a determinada edad antes de que como se dice vulgarmente se les pase el arroz, cosa que también ocurre en los hombres aunque más sutilmente. En ese sentido yo no podré saberlo porque los niños siempre me han gustado y han despertado en mí muchas cosas, no en vano soy maestro de educación infantil aunque ni ejerzo ni ejerceré nunca por lo que en un momento de mi vida denominé azares de la vida.
Dado que el instinto paternal lo he tenido siempre agudizado, a ver si el reloj biológico se me presenta en forma de trabajar la tierra, porque lo de encontrar pareja lo estoy viendo complicado y al final lo mismo acabo denominando mi soltería otro azar de la vida.
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