Posteado por: barrenado | abril 2, 2008

TRANSMISIONES SENSORIALES

En el medio de una carretera, una rana trataba de cruzar con la dificultad de que al final de su trayecto se encontraba un muro de hormigón. No hubiera tenido otro remedio que regresar por donde había venido para conservar la vida, cosa harto difícil dado que la zona se encuentra en obras y había muchas máquinas por allí trabajando amén de varios trabajadores que no parecían muy ilusionados con la  idea de permitirle vivir.

El caso es que me puse un guante que a mano tenía y la recogí con la sana intención de devolverla a una cuneta que llevaba agua y que parecía ser el sitio más probable para su procedencia.

Al cogerla empezó a hincharse y deshincharse como si de un corazón se tratara, empezó a emitir un sonido como de fuerte respiración y lo cierto es que creí que me iba a escupir por lo que estiré el brazo sin soltarla. Tuve miedo de reventarla por lo fuerte que se hinchaba todo su cuerpo.

Al levantar la vista y ver que me miraban y verme en tal postura ridícula le grité cariñosamente a la rana como si fuese un niño:

¡Tranquila hombre, tranquila que sólo te voy a llevar hasta el agua!

Admito que lo dije por hacerme el gracioso o más bien por parecerlo dada la posible ridiculez de mi acción.

El caso fue que a la vez que se lo dije, con el dedo índice, el único que tenía libre en el acto de sujetarla, le acaricie un poco la cabeza.

En ese momento tuve la sensación de que me entendió. Dejo de hacer ruido, de hincharse y deshincharse y lo más alucinante, movió la cabeza en dirección a mí y hasta parecía mirarme. Y con una tranquilidad pasmosa se dejó hacer.

El colmo estuvo cuando la posé en el suelo frente a la cuneta, se quedó sin moverse tal y como la había posado. En ese momento creí que estaba muerta y de ahí que hubiese cesado en todo antes, pero no. Le dije:

¡ Venga, al agua!

Fue acabar la frase y de un salto allá se fue. Pareció como si estuviese esperando mi despedida.

En fin, que creo que nos comunicamos aunque fuese un poco. Fue, cuanto menos, inusual.

Y para qué engañar, fue un suceso agradable y emocionante.


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