Posteado por: barrenado | abril 26, 2008

LAS GAFAS DEL BUEN HUMOR

Hoy podría decir tranquilamente que he tenido un día de perros sin ponerme por ello colorado.

Mucho trabajo desagradecido, mucho calor y un día torcido en el que son muchas las cosas que no sólo no te salen bien, sino que encima te salen muy mal.

Decía el gran Einstein que no serás capaz de entender una cosa hasta que no seas capaz de explicárselo a tu abuela. La persona con la que me tocó en mala suerte trabajar hoy es de ese tipo de personas que se creen que todas las personas con las que hablan son como su abuela o como un niño pequeño. No entendieron del todo el sentido de la frase de Einstein.

Un poco se lleva bien, hasta incluso hace un poco de gracia, pero más de nueve horas así es una prueba de fuego para la paciencia. Es como si le preguntaras dónde está Madrid y te ubicara en París, luego en Lisboa y luego te trazara una línea imaginaria para que en el punto medio, más o menos, te situara Madrid.

Lo cierto es que hubo veces en que me arrepentía de haberle preguntado algo y otras me perdía y a mitad de explicación no recordaba lo que le había preguntado.

– ¿ Cinco por tres?.

– Pues es el resultado de sumar cinco tres veces, pero también puedes sumar tres cinco veces. Pero bueno, eso es suponiendo que sepas sumar, sino lo más fácil sería usar una calculadora, pulsas la tecla cinco, luego el signo “por”, luego la tecla tres y luego la tecla “igual” y aparecerá en pantalla el número quince, que no es otra cosa que el resultado de la operación.

Ahí es cuando te preguntas si es que eres tonto o la tontería es la que acabas de oír, si es que es tonto o si piensa que el tonto eres tú.

Lo cierto es que es desesperante porque acabas por no preguntar nada para no aguantarlo y acaba preguntándote cosas que no les encuentras ningún sentido para acabar explicándotelas él porque también sabe de todo un poco.

Después de eso y de salir bien parado, la moral alta y el buen humor por bandera, llego a coger el coche y descubro que me han roto un espejo, lo encajo a la antigua y efectiva usanza, un golpe seco, pero el enganche se ha partido y aunque encaja, no se mueve, queda rígido y como no podía ser de otra forma, mirando al cielo.

Logro parapetarme tras las lentes del buen humor y el positivismo y voy al centro comercial a visitar una tienda de móviles (algún día comentaré mi particular colección de despropósitos con cierta marca).

La chica no está tras el mostrador, seguramente la hora del café. Vuelvo a enfundarme la coraza del buen humor y pierdo mi valioso tiempo mirando cosas que no necesito con media sonrisa en la boca hasta que llega la chica, me encamino recelosos porque temo que de un momento a otro me salte la ira retenida y acumulada del día y tras derrochar simpatía en mi saludo inicial y tratar de mostrar la mejor de mis sonrisas, me conmuevo ante tanta amabilidad y compresión ante la batería de preguntas que le espeto sin compasión y que debían ser monótonas y repetitivas para ella.

Un final de día feliz, y lo cierto es que iba conduciendo hacia casa pensando que era una pena que no fuera un alto ejecutivo de una empresa o tuviera un buen puesto de trabajo que ofrecerle a esa chica porque la verdad es que se lo merecía.

Hay mucha gente buena y amable por el mundo, lo difícil es verla, quizás con una gafas de cristal de buen humor, de optimismo y porque negarlo, de amor, sería más fácil verlas.

Mañana pensaba levantarme a la hora de comer para que me diera tiempo a dormir la siesta, pero quizás vaya a comprar un móvil. Y uno lleva a lo otro y puede que le pida matrimonio, pero lo mismo es algo precipitado, ¿o no?, quien sabe. Jóder, si estuviera aquí con el que trabajé todo el día seguro que tenía la respuesta, pero acabaría dormido antes de que me la dijera. ¿Sabrá quién me rompió el espejo?, puede que no, pero seguro que me explica el teorema de Pitágoras para decirme que me arregle de momento con los otros dos espejos.

Puede que el espejo me lo rompieran sin querer, pero fue queriendo el marcharse sin decir nada.

¡Cuánto hij@ de ello por el mundo!.


Responses

  1. Me ha encantado tu crónica. Por un momento pensé que ibas a explotar como lo hizo Michael Douglas en la película: “un día de furia”.

    Pero miras el mundo bajos los lentes que me gustan, lastimosamente a veces pienso que me toca cambiar de gafas porque no lo veo así siempre.

    Y noto que te gustan las matemáticas y a Einstein, ya tenemos algo en común.

    Me gustaría seguir dando vueltecitas por acá…

    Saludos.

  2. Serás bienvenida siempre que quieras, si ves la puerta allegada empuja, puede que esté frío fuera, pero siempre está abierta.


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