Posteado por: barrenado | abril 30, 2008

EL CUENTO DE LA LECHERA

Hoy el día me ha salido muy bien, estoy muy contento, esto de ponerme las gafas del optimismo para salir de casa y querer que todo salga bien parece que está funcionando.

Hoy me ha surgido un trabajo extra para el sábado muy bien pagado, poco dificultoso y relativamente rápido. Rápidamente mi imaginación salió a volar y ya empleaba ese dinero extra en mil cosas, una cámara nueva de fotos, una necesaria modernización del material informático, una buena cena, un buen regalo para el domingo a mi amada mamá, un espejo nuevo para el coche en sustitución del que sufrió el ataque terrorista, una camiseta nueva para el verano que que se avecina ……

Luego pensé en la de cosas que pasaron a ser necesarias de un momento a otro cuando en realidad no tenía necesidad de nada unos minutos antes.

La siguiente reacción fue pensar, lógicamente, que para todo no llegaba y a ver si tenía suerte y me llamaban para hacer más trabajos extras en las sucesivas semanas. Y en ese momento ¡zas!, un golpe de cordura me devolvió a la realidad y puse los pies de nuevo en el suelo.

Hace algunos años, más de los que quisiera porque últimamente pasan muy rápido, me pasó algo que me marcó a fuego el cuento de la lechera. Recuerdo que el día de noche vieja había quedado para realizar un trabajo extra con suculentos y pingües beneficios económicos. Como iba a estar sobrado de dinero, cogí los ahorros y me fui de compras. Con una sensatez y generosidad desbordantes, decidí que adelantando un poco las compras navideñas teniendo en cuenta que siempre las había dejado para última hora, ganaría en tranquilidad y de paso ya lo quitaba de delante.

Cuando ese treinta y uno de diciembre acabé el trabajo, el mundo se me vino encima al decirme que no tenían el dinero y que debería esperar a cobrar dos días por estar el banco cerrado al día siguiente festivo.

Tanta rabia me dio que cené y me quedé con mis padres viendo la televisión y sin salir ese día tan señalado porque fui incapaz de tragarme el orgullo y pedirles el dinero prestado para poder salir. Creo que me disculpé incluso con ellos y con algún amigo alegando que estaba enfermo del estómago o que me había hecho daño trabajando.

Aquel día prometí y creo que hasta juré que no me pasaría algo parecido jamás.

Pues hoy hasta me reí recordando aquello y casi hago lo mismo, la imaginación por esos caminos se estaba metiendo al menos.

Pensar en repetir los mismos errores, afortunadamente, no es lo mismo que repetirlos.

Esperaré a cobrar para pensar en lo que quiero hacer con el dinero, creo que será lo mejor.

Por cierto que aquella vez cobré tarde, pero lo cobré y dicen que para cobrar nunca es tarde.

El que paga descansa y el que cobra, más.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: