Posteado por: barrenado | mayo 9, 2008

EL PODER DE LA SONRISA

Ya tengo mi impresora-escáner todo en uno nueva en casa. Lo cierto es que tuve que contar hasta cincuenta para calmarme antes de entrar a “reclamar”, pero logré hacerlo, con mucho esfuerzo mostré la mejor de mis sonrisas y le conté lo que me había pasado a la chica que me atendió. No puso muy buena cara, pero me dijo que era muy raro y que ahora me traerían otra.

El ahora fueron quince minutos de reloj, lo miré. No había nadie esperando, es verdad, pero el espectáculo fue patético. Había dos chicos mirando un ordenador y me supongo que haciendo comprobaciones pero a la vez que lo hacían seguían por una televisión un episodio de los simpsons y no se cortaban en escojonarse de vez en cuando. Yo la televisión no la veía, pero se oía perfectamente.

Otra chica estaba en una mesa frente a un ordenador y parecía muy ocupada, pero de vez en cuando se le escapaba la risa y al fijarme bien, seguía también la televisión.

Otras tres chicas comentaban sus cosas mientras miraban las tripas de un aparato eléctrico abierto que no conseguí identificar. Una de ellas comentaba la cara que tenía un amigo de su novio o pareja porque les había invitado a la boda por un mensaje de móvil alegando que no tenía la dirección para mandársela por correo. Decía que no pensaba ir porque no le parecía lógico. No sé exactamente en qué momento cambió de opinión porque luego estaba dando explicaciones de cómo era el traje que podía reutilizar para una boda.

Otro chico que daba vueltas por allí acudió a atender a una chica que llegó y no pude reprimir la risa cuando dice que el mp4 que ha comprado, al poner los cascos se oía por ellos y por el altavoz incorporado. El tío le da vueltas al aparato, llama o hace que llama a alguien y le suelta a la chica que es que es así. Evidentemente no pude reprimir una carcajada lo que llevó a aumentar la mala leche que traía la chica y a subir el tono de voz y quejarse airadamente.

En ese momento tuve que ponerme de espaldas a los trabajadores del servicio técnico y de la chica del mp4 para poder aguantar la risa.

La chica que me atendió, que a su vez mandó a otro compañero a buscarme mi artefacto nuevo, a los dos o tres minutos de atenderme desapareció por la puerta trasera supongo que por esconderse de mí porque la demora estaba en curso y no sería de su agrado verme mirándola con una sonrisa.

El cuadro era para verlo, dos tíos viendo dibujos animados, tres tías hablando de ropa y bodas, una que se esconde de un cliente porque tardan demasiado en traerle lo que necesita, y el aguilucho que ve una mujer, corre a atenderla babeante y sudando testosterona para que acabe gritándole indignada. Lo mejor de todo soy yo, que cierro el cuadro de cara a la pared, con incontinencia de risa. Me quedaba la que se parapetaba tras la pantalla del ordenador viendo los dibujos animados de soslayo.

Iba a montar un circo de miedo por sentirme estafado y acabé pasando un rato que ni en el circo.

Llega mi artículo, me devuelve el ticket de compra y me pregunta que si quiero comprobarlo:

– Por supuesto.

Se queda indecisa y anonadada porque seguro que no esperaba que le dijera eso y dubitativa me pregunta que si me lo abre.

– Claro

Lo comprueba, me lo enseña todo, vuelve a embalarlo y me da las garcias.

– A vosotros por el buen rato que he pasado, de mayor me gustaría trabajar en un sitio así.

Eso lo dije cuando ya tenía la caja debajo del brazo y el ticket en mi cartera, ella se giró siguiendo el movimiento de mi gesto con la cabeza y vio lo que había: Dos tíos partiéndose el culo con la televisión y tres tías escojonándose de algo.

Cuando volvió a mirarme estaba bastante sonrojada y no fue capaz a contestar a mi despedida, a lo que llegó fue a hacerme un gesto con la mano.

Que conste que no pongo en duda el trabajo de esa gente, sólo cuestiono la imagen que estaban dando y ni tan siquiera eso, sólo constato unos hechos. Y esto en unos prestigiosos almacenes cuyo nombre no diré porque al final me ha salido bien la historia, esperando que mañana cuando lo pruebe funcione.

Sigo confiando en el poder de la sonrisa y el buen humor, aunque cuesta un triunfo mantenerse así.


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