Posteado por: barrenado | mayo 29, 2008

EL OMBLIGO DEL MUNDO

Hoy pasó por el bar a vernos uno que trabaja con nosotros y tiene el brazo roto o que tiene un problema en el codo o algo tiene porque está escayolado.

Lo primero que preguntó fue sobre el trabajo y cómo iba y le respondió uno que no se preocupara, que la empresa no había cerrado y que seguro que no cerrara aunque no esté.

Me reí bastante pero luego me dio en qué pensar. Sobre todo cuando hubo cierto problema trabajando ante el cual tuve una idea genial, cierto es, tuve una solución exitosa que perdió toda su grandeza cuando dije :

– ¿Qué ibais a hacer sin mí ?.

Lo que iban a hacer sin mí sería lo mismo, algo parecido o todo lo contrario, pero seguro es que más tarde o más temprano lo solucionarían. Si hubiese esperado un poco con la boca cerrada seguro que habría alguien que me lo agradeciese, pero tuve que ponerme yo sólo la medalla y cuando uno se pone una medalla, rara vez queda sitio para otra porque solemos ponérnosla justo en el medio y la más grande sin dejar sitio para las que pudieran ponernos los demás, que son las que de verdad cuentan e importan.

Todo, absolutamente todo va a funcionar sin mí, mejor o peor, pero funcionará y en todos los sentidos de la vida. Pero es tan fácil mirarse sólo el ombligo y creerse el centro del universo. Creo que dependo de algo hasta que me falta ese algo y veo que sigo viviendo sin ello. Lo mismo pasa con los demás, creo que dependen de mí, pero cuando falto se arreglan, nadie se muere en mi ausencia.

Nadie es imprescindible, pero todos somos necesarios puesto que no hay nadie tan tonto como para que no sepa hacer nada, ni nadie tan inteligente que lo sepa hacer todo.

Seguro que la empresa no cerrará si falto al trabajo, ni mis seres queridos se morirán si falto yo de la misma forma que yo no me moriré si me faltan mis seres queridos, mejor me acordaba ahora más de ellos que cuando los eche en falta porque una cosa es cierta, tengo pensado y quisiera vivir muchísimo e irremediablemente a alguno tendré que echar de menos.

Por cierto, con dolor de corazón le pedí perdón al mentiroso de ayer y me dijo que no le diera importancia, pero que me iba a traer no sé qué para demostrarme algo. Envidio su tenacidad.


Responses

  1. Como tu mismo lo has dicho, nadie es imprescindible. No sólo en un empresa, ni en nuestras propias casas ni como uno pretenderlo creerlo, en nuestras relaciones afectivas.

    Cada quien es como una isla y a veces se juntan dos islitas para compartir soledades, pero una corriente puede alejarla y después llegará otra.

    Con el trabajo, cuando uno piensa que el conocimiento te da estabilidad, si te vas, llegará otro que tendrá las misma capacidades que vos o hasta mejor.

    Lo único que nos queda, hacer todas aquellas cosas por un gusto propio, como si lo hiciéramos por sentirnos bien con nosotros mismos.

    Saludos.


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