Posteado por: barrenado | agosto 19, 2008

UN TRABAJO BIEN HECHO

Después de comer y en vista de que mi madre no cesaba de incordiar, le dije que iba a dar una vuelta por ahí, cerré ruidosamente la puerta y me metí en mi habitación a disfrutar de intimidad y tranquilidad, me hubiera gustado estar intranquilo con alguien del sexo opuesto en la intimidad de mi habitación pero todo en esta vida no se puede tener.

A lo que voy, trascurrida una hora más o menos entró mi madre en la habitación y me descubrió. Entró literalmente en cólera al descubrir el engaño, o más bien la intención del engaño.

Rápidamente me encontró tarea, colocar la habitación, limpiarla y luego misión imposible.

Me dio un recibo del banco que tenía que entregar a la comunidad de vecinos para que le sacara una copia.

El recibo era de esos que están impresos en papel de fumar porros y la tinta es de agente secreto, de esa que al tercer día se borra.

– Mamá, eso es imposible porque ……

– No se os puede pedir nada porque si no tenéis tiempo, no tenéis ganas y sino es otra cosa, tenéis mil cachivaches carísimos y hacéis maravillas pero que no sirven para nada, cada vez que se necesita algo no funciona, otros con menos cosas hacen de todo (5 minutos después), mira “fulano”, con menos estudios que vosotros y menos años y todo lo hace bien.

– Mira Madona, con cinco años menos que tú y …………

– ¡Toma! y búscate la vida pero házmelo.

Aunque estaba yo sólo en la habitación (por desgracia) está bien hecha la transcripción, ella siempre emplea el plural cuando riñe porque somos dos hermanos y aunque nos separen muchos kilómetros como es el caso, siempre le cae algo al otro. Solidaridad maternal, ella misma reparte algo, aunque a veces divide entre tres si mi padre está cerca, dice que somos iguales.

La borricada que le solté no tiene perdón, lo sé, pero que conste que me arrepentí en el acto, ya quisiera Madona ser como mi madre.

Por resumir, después de dos horas de reloj y sin exagerar, después de hacer mil inventos y exagerando, con una cartulina negra y muchos intentos de diferentes formas, logré escanear el puto recibo. Luego jugué con los contrastes, la luz, la opacidad, varios filtros, etc. y logré una foto legible que al imprimir con la mayor de las calidades, medio frasco de tinta seguramente, quedó una cosa que si no la hubiera hecho diría que era digna de estar en un museo.

Se lo puse en la mesa y le dije que ya estaba y no esperé contestación, no porque estuviera enfadado sino porque estaba tan satisfecho con lo que había hecho, estaba tan orgulloso del trabajo realizado, que no necesitaba que me dijeran nada, ya lo sabía yo.

Por eso, cuando a veces creo necesitar que me digan que lo he hecho bien, puede ser una señal de insatisfacción personal, algo así como que está bien hecho pero podría haberlo hecho mejor y quiero que me lo digan para matar ese pequeño remordimiento. Trataré de mantenerme alerta cuando eso vuelva a ocurrirme.


Responses

  1. No sé si te harña falta matar algún remordimiento, pero te empiezo a extrañar un poco por aquí…
    A ver si pronto nos sorprendes con una de tus reflexiones. Besos.


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