Posteado por: barrenado | enero 24, 2009

PEQUEÑOS DETALLES

En el colmo del egocentrismo hoy, recién duchado, acicalado, con unos vaqueros gastados pero nuevos, un jersey fino de rayas y una chaqueta que me encanta, pasaba por el pasillo de casa y me paré frente a un espejo.
Casi perplejo me miré y pensé que estaba para comerme.

Creo que paré a mirarme porque dudaba de que fuese yo. En plena contemplación me pareció que hasta me había salido más pelo.
Me dejé ir, estaba que no cogía en mí. Desbordante, al menos eso es lo que yo sentía, que en el fondo es lo que importa.
¡Qué guapo que estaba!.
Hay días o momentos en los que uno se siente así y disfruta mirándose al espejo como hay otros en que afeitarse es una ardua y desagradable tarea por no querer ver lo que hay en el espejo.
Me disponía a un paseo matutino por la ciudad por llamar de alguna manera el pueblo grande donde vivo, disfrutar de un café y la lectura de la prensa y por qué no, de la compañía de algún azaroso encuentro.
Como digo, me encontraba tan guapo y atractivo que quise poner el último punto, la guinda del pastel, un toque apto para otro sentido, la colonia.
Listo para embarcarme en la travesía del arte del encuentro, me fui al baño y me dispuse a perfumarme.
Descubro que el bote está vacío. Sé que tengo al menos otro frasco de colonia en el armario, pero está en el estante superior, mentalmente repaso los movimientos y sé que tengo que ir a la cocina, coger una silla, desplazarla
hasta el baño, subirme en ella, rebuscar en el último estante, abrir la caja, rociarme y volver a hacer la inversa, llevar la silla a la cocina, limpiarla de las posibles manchas de mi calzado y colocar todo en su sitio.
Paso al plan “B”, la pereza me vence aún sintiéndome guapo de hacer daño. El desodorante está a mano y tiene el mismo olor que la colonia y que el masaje de afeitar, todo igual.
– ¿ y qué?
Mi frase preferida. Pulso el botón y disparo desodorante por encima del jersey y ……………. disgusto.
Me deja una mancha blanca allá por donde dirigí el chorro.
Me miro en el espejo y me hago cargo del desastre. Inmediatamente descubro que tengo un grano a un lado de la nariz digno de un quinceañero, tengo una nueva entrada en un lateral de la frente que al moverse un poco el peinado deja a luz, la chaqueta tiene una arruga en el brazo derecho y para arrugas, las que tengo a los lados de los ojos, patas de gallo me parece que les llaman.
Dejo de mirarme al espejo, al menos huelo bien, pero mi jersey está arruinado o soy yo el que se encuentra arruinado.
Froto insistentemente mi pecho y la mancha se disipa, pero no se va, no me deja, parece haberse instalado no sólo en mi jersey, sino que también ha ocupado una parte de mi cabeza.
En cuestión de segundos he sido desterrado del paraíso al infierno, sin paradas, acceso directo.

Toda la mañana frotándome el pecho, a veces hasta inconscientemente. Podría haberme cambiado el jersey, sería lo más fácil, pero algo dentro de mí me decía:
– ¡Ahora te jodes, por tonto y por vago!.
En fin, que no me hubiera acordado de ello ahora si no hubiera sido porque hace un momento noté un dolor al rozar con la mano mi pecho. Palpé extrañado la zona y noté que el pezón me dolía, instintivamente me toqué el otro y descubrí que también me dolía, era una cosa rara, hasta que me acordé de lo acontecido por la mañana.
¿Cómo no van a dolerme los pezones si me he pasado horas frotándomelos agresivamente incluso después de haber desaparecido la mancha del jersey?.
Todo en esta vida tiene explicación, aunque a veces no logremos encontrársela.
No faltaría a la verdad si dijese que me duelen los pezones por no haber cogido una silla de la cocina.


Responses

  1. ¡Jajajajajajaja! Buenísimo. Me encantas. Guapo hasta reventar.

  2. Así que con el que me crucé por la acera eras tú.
    Nunca lo hubiera sospechado por tus anteriores comentarios.Si todavía tienes un pase, Barrenado.
    Animo, “Nada es verdad ni es mentira, todo se ve del color del cristal con que se mira”.
    No, no es mío.
    Es de un paisano nuestro, te sonará.

  3. A mi me hubiese pasado lo mismo, la perrería me puede en esos casos. Pero probablemente yo me hubiese cambiado de jersey y no me hubiera detenido en más.
    Por cierto ¿como van los pezoncitos?
    😛

  4. guapooooo, guapooooo.
    A ver si reconquistas el buen sentir matutino… 😉
    (y sí, el dolor de pezones es un puttada)


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