Posteado por: barrenado | enero 29, 2009

CUENTOS

Hoy el día me ha regalado un fortuito encuentro con mi camello.

Salí tarde de trabajar, tuve que hacer unas compras que no hice porque me llaman Amparo, todo lo que me gusta es caro. Y cuando medio enfadado, medio risueño volvía a casa, en la acera donde iba a aparcar estaba mi camello, como cariñosamente llamo a veces a un amigo. Es mi administrador de droga. Me suministra libros relativamente recientes. Las cosas están como están y lo cierto es que aunque no debiera y me avergüence de ello, no compro libros de actualidad editorial, por llamarlo de alguna manera, desde hace mucho tiempo. Me parece un lujo pagar el precio al que están, aunque reconozco que me permito otros lujos más estúpidos, innecesarios, superfluos e idiotas.

Suelo comprar libros usados en el mercadillo y utilizar la biblioteca, pero últimamente tampoco porque desde que mi biblioteca particular acumuló un número excesivo de libros sin leer, me propuse ni comprar ni prestar en la biblioteca nada, pero no me propuse nada de pedir a mi amigo.

El caso es que tengo en mi poder dos libros suyos desde el año pasado y se lo dije, que me daba vergüenza verle y no devolverle los libros, que además ya había leído. Me dijo que a cambio le invitara a un café y le diera un poco de conversación, cosa que no me costó nada, sino más bien todo lo contrario.

Insistí en que pasáramos por casa de mis padres  (ya no le quiero llamar mi casa porque pronto tendré mi casa de verdad), y que le devolvería los libros, pero él insistió en que no.

Después de un maravillosa velada, y antes de despedirnos, me dijo que no cogía sus libros porque si lo hacía, yo le pediría otro u otros y de esta manera le dejaba tranquilo. Le dije que no fuera idiota y que no dijera tonterías pero me volvió a sorprender:

– Mira, hace un tiempo que me está dando por leer cuentos infantiles, y sabes que hay muchos. Si me pides un libro, sabes que lo voy a releer antes de dejártelo para poderlo comentar contigo en cuanto lo leas en buenas condiciones. Eso partiría por la mitad mi actual línea de lecturas. Y al fin y al cabo, que más te da tener esos dos libros en tu casa otro mes, que será lo que tarde en cansarme de cuentos y volver a leer novelas.

Al final no sé si acabaré el fin de semana leyendo un par de coleciones de cuentos que tengo por aquí, porque, a fin de cuentas, no hay mejor cuento que la vida misma, aunque a veces se cuente mal o sin ganas.

Si mi admirdo amigo lee cuentos, por algo será.


Responses

  1. Algunos son realmente interesantes… sobre todo las versiones no edulcoradas por Sidney… no, Dinsey, joer! … bueno, ya sabes quién…

  2. Yo también leo algunos, consecuencia de tener hijos, pero sobre todo veo películas. De esas no me libro, y superan las llamadas “adultas” en propociones insospechadas.
    Así que en literatura si se da el mismo caso… puede que esté en lo adecuado.


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