Posteado por: barrenado | febrero 2, 2009

LA DANZA DE LA LLUVIA

Me encontraba yo bajo la lluvía, pero no cantaba.

Pensaba en lo que era peor, si trabajar con la ropa normal y empaparse de agua de lluvia, o trabajar con esos sacos de plástico que nos ofrecen por ropa de agua y empaparse de sudor.  Miré al cielo y estaba negro como el carbón, entonces me reí rememorando una mítica frase de un amigo que al hacer la comparación o el símil de negrura, aseguró en su día que cierta cosa era más negra que cagada resacosa.

Fue entonces, mientras la lluvia golpeaba copiosamente mi cara que miraba al cielo, cuando me acordé de mis tiempos de estudiante, cuando en unas prácticas me encontré con un niño de unos 7 u 8 años que, por razones dolorosas y que quizás no vienen al caso, tenía que ducharse en el colegio dos veces a la semana.

Yo, joven, atractivo, guapo, idealista, fuerte y con ganas y fe en la que presumía mi futura profesión, desbordante en pasión y vocación, asumí el reto de intervenir.

Obviamente el chiquillo y el agua no se llevaban bien, y las patadas y puñetazos que daba en cuanto lo querían meter en la ducha y olía el jabón eran de cuidado.

Me devané un poco los sesos y decidí entrarle por lo que más le gustaba, los indios y los vaqueros. Hablé con él sobre indios y vaqueros y le pregunté por la famosa danza del agua que bailaban los indios, evidentemente él no sabía por qué la bailaban, a parte de para pedir agua a sus dioses para las cosechas. Ni él ni nadie porque lo que vino después fue obra de mi imaginación. Le expliqué que los guerreros jóvenes se ponían debajo de la lluvia con el pecho descubierto para que el agua les recorriera todo el cuerpo y se llevara a los malos espirítus, de esa forma adquirían la pureza necesaria para emprender con éxito las nuevas batallas.

La verdad es que lo hice muy bien, porque al final de toda mi batalla, logré que el niño no sólo se duchara de buen gusto ese día, sino todos los que estuve yo por allí, por lo menos.

Lo cierto  es que me inventé una historia digna de un premio literario, lo que nunca le dije fue que los indios jamás ganaron batalla alguna y que los vaqueros nunca fueron los buenos, sino todo lo contrario.

El caso fue que empapado como estaba yo, hasta los calzoncillos me chorreaban a la hora de cambiarme, decidí espantar a los malos espíritus, como en mi cuento, y dejé que la lluvia me liberara de ellos, al menos hasta afrontar la próxima batalla.

Y como en todo cuento, ganan los buenos, y como es mi cuento, aquí los buenos son los indios. Así es que hoy me he purificado bajo la lluvía que caía de un cielo negro, negro como cagada resacosa.


Responses

  1. Estoy intentando poner un comentario (porque me apetece muchísimo) que no suene a tópico, que no suene cursi, que no suene falso, pero no me sale. Me gustaría decirte que me ha encantado tu post, pero si te lo digo, después del de ayer, va a parecer que siempre pongo las mismas cosas, que te hago la pelota, y no va a resultar sincero. Si te digo que no ibas desencaminado al decir lo de la purificación, va a parecer que tengo información privilegiada de bruja de mi pueblo y va a sonar a prepotente. Si te digo que hace unos días llovía y miré al cielo y dejé que el agua mojara mi cara porque pensé que de algún modo aquella lluvia iba a purificarme, puede parecer -con tanta coincidencia- que me estoy tirando un farol. Si te digo que me ha conmovido la manera en que trataste con aquel chiquillo para ayudarlo en su desgracia, quizás parezca que soy una sensiblera. Si te digo que tienes que luchar por que esto:
    “Yo, joven, atractivo, guapo, idealista, fuerte y con ganas y fe en la que presumía mi futura profesión, desbordante en pasión y vocación, asumí el reto de intervenir”
    siga siendo una realidad, quizás suene paternalista. Así que, de verdad, no sé qué ponerte en el comentario. ¿Quieres casarte conmigo?

  2. Yo, al contrario que Raquel, no te voy a pedir que te cases conmigo.
    Yo, al contrario que Raquel, voy a ser repetitivo, y te voy a decir que me ha gustado mucho la historia que cuentas y cómo la cuentas.
    Yo, al contrario que Raquel, te admiro por tu comportamiento con ese niño de 7 u 8 años, y por otros que ya nos has contado, muy propios de ti.
    Yo, al igual que Raquel, te digo que sigas así, asumiendo el reto de intervenir cuando algo te parece injusto, útil, que merezca la pena mejorar…

    Y a Raquel le voy a decir que sea repetitiva, si no se te ocurre nada mejor que decir, que eres sincera, que eres sensiblera, que eres paternalista y que eres prepotente.
    Por eso nos gusta como eres.

    Y a ver si os casáis de una vez. Me pido primer para el baile.

  3. Os quiero a los dos, bueno, un poco más a ella, je je je.
    Gracias.
    Voy a acabar creyéndomelo todo, hasta lo de la boda.
    Por cierto que ya tengo los zapatos.


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