Posteado por: barrenado | abril 9, 2009

MI CEREBRO

E l cerebro es increíble. Digo el cerebro en general porque hace tiempo que descubrí que el mío, precisamente, no es especial, más bien mediocre aún habiéndome dolido mucho el descubrimiento.

Hoy conducía por una carretera secundaria, que suelen ser las mejores, y disfrutaba del paisaje hasta que traté de reconocer alguno de los árboles  que se me ofrecían y se me regalaban a la vista.

Hace algún tiempo conocía y distinguía perfectamente todos los árboles, es más, hubo un corto periodo de tiempo en el que enseñaba a distinguirlos y reconocerlos, no conservo ninguno pero puedo decir sin miedo a mentir que hice más de 100 herbarios, sencillos, complicados, con fotos, hasta encuadernados con pastas de las que costaban una pasta.

Ahora no distingo ni uno. Bueno, casi ninguno, ya que dije algo sin miedo alguno a mentir, no voy a estropearlo ahora.

Iba yo un tanto desilusionado al pensar en lo relativamente rápido que se olvidan las cosas, en la fragilidad de la memoria, cuando un caso curioso tuvo que revolver aún más mis pensamientos. Estando con un amigo, me hace partícipe de su alegría y nerviosismo ante su inminente examen de cinturón negro de Judo. Como suele pasar en estos casos y estando cuatro o cinco juntos, se le pidió demostración de sus conocimientos. Huelga decir que el escogido para hacer de conejillo de indias fui yo. Pues después de varios intentos y de cosas que me hizo, tuvo que elegir a otro y he de reconocer que la exhibición fue un éxito.

Al finalizar me dijo que cómo era que nunca le había dicho que yo sabía Judo. La respuesta es muy sencilla, yo no sé Judo. Me dijo que era imposible, a lo que le respondí que había practicado Judo tres o cuatro años, pero que yo de aquella tendría siete u ocho años, quizás menos.

Se quedó asombrado, pero no precisamente de mí, sino de los beneficios que trae la práctica de algún deporte de ese tipo, de defensa personal. Me explicó que instintivamente o como acto reflejo, yo hacía movimientos que dificultaban lo que él pretendía hacer, se lo complicaban y hasta se lo impedían en algunos casos. Evidentemente me hubiera tumbado de todas formas, pero le hubieran restado espectacularidad. También yo me percaté que ante ciertos movimientos hostiles por llamarlo de alguna forma, reacciono de cierta forma autómata y hablándolo con él largo y tendido,  es cierto que de alguna forma me pongo en guardia y tengo algún movimiento derivado del Judo, ya que otra explicación no me cabe.

Hay que joderse, mi cerebro es capaz de recordar complicados movimientos y destrezas que aprendió hace casi treinta años y que no volvió a practicar, y se olvida de distinguir los nombres de los árboles que ve todos los días.

A ver si yo también tengo un amigo alemán.

¡Niño!, ¿cómo se llama ese amigo alemán que tengo?

¡Alzheimer abuelo, Alzheimer!


Responses

  1. Ves Barrenado como todo es cosa de la edad. Ya estás empezando a tener mis síntomas.
    Lo estaba pensando yo estos días, al final, tú y yo, nos parecemos más de lo que crees.

  2. Yo también tengo una memoria de alfiler. Los nombres de películas, actores, libros… se me resisten como si se tratara de palabras chinas.
    Ganas varios puntos con tus conocimientos de Judo… jajaja. Un besito.


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