Posteado por: barrenado | julio 8, 2009

TENER SUEÑO Y NO QUERER DORMIR

Son las once de la noche y acabo de despertar. Me he dormido tumbado en la cama leyendo.

Una hora de mi vida se ha esfumado y lo peor de todo es que he soñado y no recuerdo nada. Me he despertado con la plácida sensación de haber soñado algo muy bonito y se me olvidó al desperezarme.

No hay peor cosa que dormirse cuando quieres o tienes que hacer otra cosa.

No voy a mentir y decir que recuerdo cuando me ocurría en clase porque las clases me quedan muy lejos en el tiempo, je je je.

Pero me he cabreado porque los ojos se me cerraban, las líneas montaban unas encima de otras, se torcían y las letras bailaban. Y era muy interesante lo que estaba leyendo, es importante que lo tenga leído para mañana, pero contra el tirano sueño no hay nada que hacer y acabé muriéndome para resucitar hace un rato.

No he podido frenar la risa al recordar en cierta ocasión, cuando estaba escuchando una interesante ponencia de un admirado escritor y Morfeo vino a visitarme. Poca luz, una voz cadenciosa, el lujo de una amable butaca y la mente dejándose transportar por las fabulosas aventuras que oía. Uno comienza a moverse en el sitio, cruza una pierna, cambia de pierna, busca una postura incómoda, se frota la cara, se acaricia la nuca, aguanta la respiración por momentos, se aprieta la nariz, se masajea las piernas, comienzan los pellizcos y finalmente, con audaz disimulo, se muerde la mano.

Todo en vano.

Sufrimiento y desesperación. No me llegué a dormir, pero tampoco acabé enterándome de mucho.

Así es que cada vez que recuerdo al escritor, me viene a la cabeza unos dientes marcados en la mano.

¡Qué cabrón es el sueño!.

Asocio sueño, escritor, dentelladas en la mano y acabo riéndome de mí mismo, que al final es lo mejor de todo.

Y ahora a volver a intentar leer.

Si al menos recordara el sueño.


Responses

  1. Buf, sueños como los tuyos con el escritor los he tenido yo en algunas ocasiones con profesores mirándome fijamente a la cara sentada en primera fila. Recuerdo especialmente una época en la que hacía los cursos de doctorado a las siete de la tarde después de llegar del trabajo que tenía entonces y para el que tenía que levantarme a las cinco y media de la mañana. En el curso éramos cinco, así que imagina la desesperación… qué agobio.
    Oye, si estabas en la cama, ¿sabes qué te digo? Que lo disfrutes y no te arrepientas…

  2. Cuanto más viejo me hago, menos me arrepiento de nada, y poco a poco, sólo de las cosas que no hago, je je je.


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