Posteado por: barrenado | octubre 13, 2009

UNO DE MIS AMORES

Domingo por la tarde.

El sol me acaricia benévolamente. Una lata de coca cola bien fría me acompaña, un cigarro y una pradera rectangular ante mis ojos de un verde idílico, no en vano es de hierba sintética.

Con una pequeña dosis de imaginación se puede disfrutar de una maravillosa vista y si no, se levanta un poco la cabeza y se disfruta de un hermoso valle, no tan verde, pero el otoño es a veces caprichoso imponiendo su color.

Comienza el partido, ciertamente preferiría que las piernas que se mueven por el campo fueran femeninas, pero todo no se puede tener.

Mi equipo juega muy bien, domina, achucha, crea ocasiones y en una jugada aislada, la única ocasión, el equipo contrario nos mete un gol.

Como en la vida misma, todo se hace bien y en un pequeño fallo o error, llega el disgusto.

El diablo entre poca paja duerme.

Llega el descanso y me pongo a pensar, disfruto del disgusto que tengo porque aún se puede remediar, me relajo, pero decido no hacerlo al poco de conseguirlo.

Para relajarme me quedo en la cama, para estar quieto y callado voy al cine o al teatro, yo voy al fútbol a animar, a chillar, a aplaudir y a sufrir, ¿por qué no ?.

Comienza la segunda parte, mi equipo sale a ganar, la sangre me hierve y empiezo a animar, llega el primero, la remontada es posible, sigo animando, mi equipo sigue jugando muy bien, sigo enervado y acalorado, mi equipo sigue dominando y achuchando y llega el segundo.

Me duelen las manos de aplaudir y la garganta de chillar ( y de fumar).

Consulto el reloj y queda un minuto, quizás no, quizás quede sólo el descuento, no queda nada y penalti en contra de mi equipo.

Con las manos tapando la boca siento como si me inyectaran grandes dosis de plomo líquido que corre lentamente por mis venas. Caigo literalmente sentado en mi asiento.

Como la vida misma pienso, hasta que no se acaba no se puede dar nada por sentado, salvo yo que parezco pegado a mi asiento en ese momento.  Me entra esa insufrible melancolía de los perdedores, ¿por qué ha de pasarme a mí?, ¿por qué a nosotros?. Siempre es igual, la alegría en la casa del pobre dura muy poco. Miles de cosas pasan por mi cabeza en el escaso minuto que pasa desde que se pita el penalti hasta que el delantero se dispone a chutar.

Tampoco me va la vida en ello, al menos sacaremos un empate, poco para lo que merecimos pero menos es nada. ¡Bien poco cuesta conformarse !.

El árbitro pita y el jugador coge impulso, sólo serán tres, a lo sumo cuatro segundos, pero en ese instante el corazón se me para. El delantero dispara raso a la derecha del portero que ha amagado con tirarse a la izquierda y se estira tan largo es, saca la mano prodigiosamente acariciando el balón con la punta de los guantes y termina por golpear en el poste repeliéndolo al centro del área para ser depejado por un defensa a córner.

Siento un martillazo en el pecho que me indica que el corazón ha vuelto a bombear y aprovecho para aprovisionarme de aire que me permita seguir gritando.

Siento un abrazo por detrás que correspondo gustosamente y en ese momento, quince o veinte segundos después de haber golpeado el delantero el balón, tomo conciencia de mi situación, dos asientos más abajo del mío y abrazado al amigo que se sienta detrás de mí.

La garganta se niega a responder y poco a poco retomo mi posición, no hay lección mejor aprendida que la última, y el árbitro aún no ha pitado el final.

Dos o tres jugadas más, no pasan ni dos minutos y pitido final.

El ritmo cardiaco aún descontrolado, la garganta rota y aplaudo todo cuanto puedo.

–          ¡Sufrimos como cabrones, pero mereció la pena!.

Mi amigo asiente muy serio, resopla, pero luego ríe con ganas.

Así es la vida, a veces hay que sufrir para apreciar la felicidad, hay que perder para saborear la victoria, hay que luchar porque la lucha es el sentido y no el resultado.

Hay que dejarse llevar por las emociones en las cosas banales, para las que de verdad importan hay que ser frío y calculador. Y para el amor, para el amor que lo cuente el que lo tenga y el que no, como yo, que lo busque porque aún no ha pitado el árbitro el final de ese partido.


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