Posteado por: barrenado | noviembre 2, 2009

A LO LOCO

Me faltaban manos para tantas bolsas, pero me iba apañando.

Por un lado el papel y el cartón, al otro el más ruidoso, el vidrio; dos o tres envases de plástico y el grueso del conglomerado de residuos al contenedor mayor.

¿ Y yo ?, me pregunté.

Me separé unos pasos y volví a mirar. Al contenedor grande, sin duda, a parte de ser inclasificable, en los otros no cogería.

Repasé bien la situación y constaté que en los otros no entraría, pero coger debería coger.

Resoplé dos veces y me sorbí los mocos que el frío estaba tratando de robarme.

Nada, al contenedor grande. Avancé firme y de un golpe abrí por completo la tapa. Me encaramé como buenamente pude y  con una pierna dentro y otra fuera me detuve de golpe.

–          ¿Dónde vas?

La postura no era cómoda. El canto del contenedor se me clavaba en el pecho y la pierna no daba con su longitud para apoyarme en el suelo. Aún así no moví otra cosa que no fuera la cabeza. El conocido ¡Tierra trágame! fue sustituido por el ¡Contenedor, trágame!.

El campo de visión no era muy amplio por lo que esperé un tiempo prudencial a que me dijeran algo más, pero me cansé de la ridícula postura y seguí con mis firmes intenciones.

Logré no sin esfuerzo sentarme en el borde del contenedor y cuando cogí impulso para tirarme dentro, otra voz.

–          ¿Pero a dónde vas?

La voz salía del contenedor, miré hacia abajo y me pareció distinguir una cabeza en la siniestra oscuridad del fondo.

–          Adentro, ¿a dónde voy a ir?.

–          Aquí ya hay muchos.

–          Por eso, uno más tampoco se va a notar.

La vista se me acostumbró a la oscuridad y comencé a distinguir en la penumbra. Aquello era mucho más grande de lo que se podría uno imaginar. Comencé a ver cientos, quizás miles de pequeñas cabezas.

–          De acuerdo, pero antes deberás escuchar la historia de cada uno de los que aquí estamos.

–          ¡Qué va!, con la mía tengo bastante.

De un salto volví al asfalto firme, cerré el contenedor con un golpe seco y tras rodearlo, le pegué una patada, mucho más testimonial que efectiva.

Volví a casa y me senté frente al ordenador.

¡Mañana se me ocurrirá otra cosa!.

Y me puse a escuchar una canción.


Responses

  1. Me alegra que te lo pensaras. Debía de oler mal el contenedor… No es sitio para ti.


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