Posteado por: barrenado | noviembre 20, 2009

RESENTIDO

Soy de la opinión de que uno camina por la vida con sus miedos, sus obsesiones y sus resentimientos. Si bien nada viene de fábrica, pronto vamos acumulando, unos más y otros menos. La mayor parte de esta carga negativa que transportamos, nos deshacemos de ella enfrentándonos al problema y superándolo o aceptándolo. La solución más llevadera, o de andar por casa, es subyugarlo y dejarlo en un segundo plano, que no moleste, pero a la larga acaba apareciendo y haciéndonos daño o haciéndonos hacer daño.

Conste que me refiero a cosas sencillas y ufanas, a sentimientos más o menos normales, los traumas, fobias o enfermedades mentales, aunque de carácter leve, merecen otra atención, probablemente profesional, que escapa a mis humildes conocimientos y a mis intereses.

Llevo dos días que me levanto a las 10 de la mañana, ronroneo por casa y me doy un breve paseo hasta un bar donde gusto de leer la prensa apaciblemente. Retomo el camino de vuelta y me tomo unos aguas en sesión vermut, lo que se llamaría irse de vinos en camaradería, pero ni mi salud ni mis gustos me permiten usar el alcohol y tampoco debo abusar del café.

Como, duermo una plácida siesta, me peleo un poco con el ordenador (ya contaré mis peleas), y a la hora en que antes salía de trabajar, me tomo un café y unos aguas. Lo que se llamaría irse de cervezas en camaradería, pero con agua. Vuelvo a casa, ceno, me peleo un poco con el ordenador y leo en la cama hasta que el sueño me vence, que caprichosamente suele ser al filo de las 2 de la madrugada.

Una vida perfecta, si a eso le añadimos una hora de piscina, de bicicleta o de footing, tres cosas que por cierto me gustan, bien por la mañana o por la tarde, sería una vida perfecta y feliz.

Comentaba esto en el bar con un amigo prejubilado, de lo fácil que me acostumbraría yo a no trabajar, y de lo rápido que ocuparía el tiempo y esas cosas. Decía que uno llega a cansar, que rápido se convierte en rutina todo y que, aunque estuviera muy mal que él lo dijese por lo afortunado que era, se llegaba a sentir uno un inútil.

La ira, la cólera se apoderó de mí sin atisbar de dónde me venía y, poniendo el grito en el cielo, me salió de muy adentro:

¡Inútil!, Inútil me siento yo que con una carrera universitaria, un título de formación profesional de grado medio y varios cursos postgrado trabajo de peón compartiendo categoría con un deficiente mental vago, cabrón y mala persona cuyo único bien es compartir apellido con un alto cargo corrupto y que se jacta burlonamente de cobrar más que yo sin hacer nada sólo por ser sobrino de quien es.

¡Eso es sentirse inútil!.

Yo, persona tranquila, callada y tímida rayando la cobardía, me descubrí el centro de las miradas de todo el bar. Levante ambas manos en signo de perdón, agaché la cabeza y entre dientes pedí perdón a mi contertulio aludiendo a que no sabía lo que me había pasado. El también me pidió perdón porque no quería molestarme por su privilegiada situación frente a la mía y yo volví a pedirle perdón y a decirle que no había sido culpa de eso el que estallará así y así, entre pedidas de perdón mutuas, cambiamos de bar y me sacudí la vergüenza pasada.

Así es que soy un tío frustrado, quemado con el enchufado de turno que me ha tocado sufrir y mal a gusto con la situación laboral que padece. Lo llevo conmigo, lo tolero pero no por ello deja de estar ahí, aunque no moleste continuamente. Soy un tío resentido, y ese resentimiento sale cuando menos se lo espera uno.

Afortunadamente sólo me costó pasar un poco de vergüenza, pero podría haber perdido una amistad o quién sabe, porque si me llega a salir en otras circunstancias y con otra gente ………


Responses

  1. Te entiendo perfectamente. Es muy jodido sentirse frustrado en un trabajo que está muy por debajo de tus posibilidades y que además no te satisface. Si encima tienes que aguantar a un vagochulogilipollasprepotentecabrónmalapersona… Vaya, si es que te entiendo también que yo también pierdo los papeles. A ver si encuentras un trabajo mejor y si no, a ver si toca la lotería de Navidad… He visto el número en mi bola de cristal.
    Ánimo, querido Barrenado. Te envío un beso con carga positiva recién inventado.

    • Muchas gracias, el décimo ya lo tengo, je je je je.
      Y qué gran beso el que me ha llegado, por cierto.


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