Posteado por: barrenado | junio 28, 2010

BORRADOR 1 RELATO

Dicen que siempre hay una primera vez para todo.

Nunca creí que eso fuera cierto, la verdad, pero tampoco creía que nunca fuera a escribir un libro, o a estar encerrado entre cuatro paredes, con un camastro, un váter, un lavabo, una mesa, una silla, libros y tiempo, mucho tiempo.

No voy a pedir perdón, porque aún ahora mismo no me arrepiento de lo que hice. Volvería a hacerlo porque podría haber salido bien.

Tampoco voy a pedir disculpas porque estoy pagando por ello, sobradamente.

Simplemente quiero contar mi historia, y como toda historia, tiene un principio, tiene una primera vez.

Es algo así como cuando uno se emborracha. Supongo que nadie quiere emborracharse, pero pasa. El primer trago es el culpable, sin ese, nada hubiera sucedido. Cuando uno se da cuenta, ya es demasiado tarde, no sabe muy bien cómo ha llegado hasta allí, pero allí está. Sólo cabe buscar una salida digna, disimular, llegar a casa y dormirla.

No sé bien cómo he llegado hasta aquí, igual que si me hubiera emborrachado. Una cosa lleva a la otra y cuando me he dado cuenta, estaba tumbado en una sucia colchoneta, a oscuras y acababa de orinar en una esquina que encontré palpando. Me había hartado de llamar en vano a alguien que me llevara a un baño y cuando no aguanté más y justo antes de hacérmelo encima, no sólo evacué orín, sino que creo que también se me fue algo más. O quizás me tragué todo mi orgullo mientras dormía entre mis propios orines.

Así es que, como si me acabara de dar cuenta de mi situación, busco una salida digna, que no es otra que cumplir mi deuda con la sociedad, disimular, volver a casa y despertar de la pesadilla.

Y para hacer más corta la espera, escribiré mi historia, que tiene una primera vez.

Mentiría si dijera que en aquella época no tenía falta de dinero, porque falta de dinero siempre se tiene, pero podría decir que no me urgía. Era un pésimo camarero, pero mi musculatura evitaba muchos problemas en el bar de copas que me contrataba de extra y acababan de pasar una fiestas, muy bien pagadas por cierto.

Además no hacía ni un mes que había dejado de trabajar en la construcción. Abrigué la estúpida idea de que trabajar en la construcción me curtiría como hombre y me endurecería. Lo que no pensé era que iba a pasarme seis meses con una señal dando paso a camiones. No sé cómo aguanté tanto. Bueno, lo sé. En aquella época sólo pensaba en chicas, en gustar a las chicas, en el gimnasio, en la piscina, en mi musculatura en definitiva y en las motos. Entablé una buena amistad con el hijo de un constructor cuyo nexo de unión era el deporte. Me dejó un piso para independizarme y me consiguió ese trabajo. Si no lo dejé primero fue por no defraudarle a él y por defraudar a mi padre, que pensaba que no aguantaría ni quince días y que volvería a casa, no de cara como me fui, sino de culo.

Tenía algo de dinero ahorrado, poco para comprarme la moto que quería, pero suficiente para poder vivir algunos meses. Por el día me codeaba con buena gente y sana en las instalaciones polideportivas. Por la noche con gente de todo tipo en el bar de copas, y entre toda esa gente menos buena por llamarla de alguna manera, Rafa y Toño.

No me caían bien, pero en aquella época creo que nadie me caía bien, ni tan siquiera Andresito, el hijo del constructor, que ahora puedo decir que su único defecto era que tenía mucho dinero, y puede que eso me intimidara y hacía que desconfiara de él.

Ha sido el único que me ha visitado y que ha hecho todo lo que ha podido por mí. Mi padre me dijo que sabía que acabaría aquí por culpa de las motos y mi madre, la pobre, bastante tiene con cuidar de los tres nietos que mi hermana le ha metido en casa, la más guapa del barrio, se casó con el guapito de turno que después de hacerla amamantar a tres criaturas, la dejó por otra que no tuviera las tetas caídas. Pobre Laura, empleada del hogar, limpia casas y cuida niños mientras mi madre, la suya, se ocupa de los suyos. Al mes de dejarla le rompí la cara al guapito y se la llené de cicatrices. Nadie supo quien fue, pero ella me dijo que ya no volvería con ella por mi culpa, que le había arruinado la vida. No llegué a preguntárselo, pero prefiero pensar que la vida que arruiné fue la del guapito y quiero pensar que en todo este tiempo se habrá dado cuenta de que no volverá, de que no regresará, de que es inútil albergar esperanzas porque sólo hacen más fuerte el dolor por lo perdido.

Y ahora que lo pienso, tampoco ha venido a visitarme ni me ha escrito ninguna de aquellas chicas que decían ser capaces de morirse por mí. No estoy en situación de presumir por nada con lo que se me puede creer si digo que eran muchas, o que fueron muchas las que me lo dijeron.

Rafa y Toño eran dos delincuentes de palo. Macarrillas, golfos, no sé. Tipos con una fachada dura, que querían ser malos, que se empeñaban en acumular mala fama, que pretendían ser peligrosos. Todo apariencia. Más tarde descubrí que la gente verdaderamente peligrosa no lo parece o, al menos, no hace alarde de ello. Entablé amistad con ellos a través de mi moto. Cuando se tiene una moto vieja son todo averías y siempre es bueno conocer gente que te la puede trampear.

Sabía que trabajaban o hacían recados para Archy, le llamaban así por lo de Archiduque, pero el siempre recalcaba que terminaba en i griega, como así rezaba el cartel del taller que tenía en el polígono. Era empresario, aunque nadie le conocía más negocios que el taller de coches y motos en los que se arreglaba de todo y se compraba y vendía de todo. Estaba orientado a la importación de vehículos. Era una enorme nave conformada por seis de las adyacentes. En un lugar privilegiado, a la entrada del polígono y al lado de una cafetería – restaurante donde pasaba la mayor parte del día, charlando y haciendo negocios.

Rafa y Toño se presentaron una noche temprano en el bar de copas, yo no trabajaba pero allí estaba, había una ley no escrita por la cual un camarero nunca cobra a otro camarero y al final chicas guapas las hay en todos los sitios, por qué ir a otro. Además estaba la familiaridad, conocía a casi todo el mundo y me gustaba, me gustaba estar delante de la barra, no detrás, tampoco he de mentir.

Con una parafernalia digna de una película de gánsteres, me dijeron que tenían un trabajo para mí, que Archy me quería ver. Recuerdo que les había dicho muchas veces que a ver si me encontraban algún trabajito, que ellos que estaban relacionados, que ellos que conocían a tanta gente, que ellos que eran ………..

Pero nunca creí que me lo conseguirían.

Charlé un rato con ellos y en cuanto se fueron, me fui a casa a toda prisa y me metí en la cama. Al día siguiente tenía un trabajo, un trabajo para Archy, y tenía que ir a verle por la mañana, tenía que estar fresco, con buena cara, tenía que estar descansado. Pero tardé en dormirme mucho.

Es curioso la capacidad de memoria que estoy descubriendo que tengo. Cuando se está aquí, sin nada que hacer más que matar el tiempo, uno empieza a recordar, a rememorar momentos y a veces me asusto de lo que descubro. Puedo cerrar los ojos y describir con todo lujo de detalles mi habitación, la habitación que ocupé en casa de mis padres, un bar, una cafetería. Podría describir cómo iban vestidos Rafa y Toño, como iba vestido yo, lo que tomamos aquel día, todo. Supongo que será cuestión de tiempo, de paciencia. De no tener nada que hacer y no poder parar de pensar. Y recordar momentos, lugares, permite no pensar en lo que inevitablemente ocupa la cabeza estando aquí metido. También es curioso el ciclo del sueño, recuerdo que siempre me gustó dormir mucho, que me costaba madrugar, y sin embargo, aquí que no tengo despertador, a las 7 en punto me despierto y hasta las 12 no puedo dormir. Me parece increíble la de horas que me paso tumbado con los ojos abiertos a la oscuridad.

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Responses

  1. Me gusta.
    Espero que pronto pase de ser un borrador, a un relato con todas las letras.
    Me gusta porque mientras lo leía pensaba cuánto hay de verdad en él y cuánto inventado, pero lo cierto es que no me importa, al final lo que leía era un capítulo de la vida de un personaje, unas reflexiones iniciales de lo que espero sea algo más grande.
    Quiero más, y te animo a que sigas con ello.
    Un saludo.

  2. Estoy en ello, pero me cuesta, je je je.
    Si te preguntas cuánto hay de verdad es que tan mal no está, me halagas, muchas gracias.

  3. waow! Me gusta. ¿Como te sientes despues de escribir un borrdor como este?

    • Ahora mal, je je je, porque no hay forma de acabarlo, je je je.
      Aún estoy en ello.

  4. Bueno… Tu tranquilo, nos pasa a todos muy muy amenudo!!!

    • Ya se acabará, je je je


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