Posteado por: barrenado | agosto 8, 2010

CRÓNICA DOMINGUERA 1

Me despierto temprano. Cosa normal cuando uno de acuesta temprano, aunque temprano o tarde es algo tan relativo como todas las cosas de esta vida.

Me asomo a la ventana de un cuarto piso y trato de ver la vida pasar, de cogerle el pulso a la ciudad, una ciudad dormida que se despereza poco a poco. De un lado los que pasean en ropa de deporte, van o vienen, difícil de saber, aunque si uno se fija en los rostros se puede deducir. Pierdo el interés por ellos, me fijo en el resto, paseando barras de pan, diarios bajo el brazo, apresurados unos, adormilados otros.

Una pareja da tumbos, abrazados, sonrientes, cada nuevo tropezón es una nueva carcajada, el taxi se aleja veloz, entre los dos abren la puerta del portal, con dificultad, no distingo quien va peor ni quien va mejor, acaban la noche mientras otros empiezan el día, quizás intenten hacer el amor si son capaces de desvestirse antes de dormirse.

Un coche se detiene. Sale un jovenzuelo corriendo directo a un portal. Se apoya de espaldas a la puerta, se asoma disimuladamente escrutando a una de las ventanas superiores y se gira para perderse dentro del portal.

Hacen su aparición las neveras portátiles, las bolsas, las sombrillas, los que se van de playa. Invariablemente todos miran al cielo. Ciertamente no tiene buena pinta, no amenaza lluvia, pero el sol parece que estará escondido. La perspectiva seguro que será la misma desde la calle que desde las ventanas de sus casas, aún así, todos miran.

Los hombros comienzan a dolerme, los codos ya hace un rato, tres colillas aplastadas en el cenicero y quizás dos horas apoyado en el frío mármol de la ventana. Creo que es hora de dejar de observar el escenario y pasar a formar parte de él.

Por esta vez no he sentido ganas de tirarme abajo.

No me asusto, pero me sorprendo, tengo los ojos pequeños, hundidos en unas grandes ojeras aliladas. El pelo revuelto, un pelo piscina, piscina porque se ve el fondo. Una semana sin afeitar. Mala cara, muy mala cara.

Me río frente el espejo y pienso que menuda noche, que bien me lo pasé, ¿dónde?, no sé, en un concierto. Conocí a una chica por la que abandoné a mis amigos al final de la noche. La chica no me dejó dormir y encima me tomé mucho, no sé, veinticinco cervezas. Más, tan mala cara merece alguna más. Y encima todo perfecto, ni resaca ni sueño, nada de nada, sólo mala cara. Vuelvo a reírme.

Miro el reloj y me sorprendo, es lo bueno de madrugar, que tienes tiempo a todo. Me vuelvo a la cama, a ver si me duermo otro poco y mejoro la cara. Tengo tiempo.


Responses

  1. Madre mia 25 cervezas?!!

    Muy buena prosa, sigo leyendo!

  2. Menudo fallo, eran 40, creo que he bebido más de cuarenta cervezas hoy, je je je.
    Qué gran canción.


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