Posteado por: barrenado | agosto 14, 2010

DUDAS

A veces me pasa que como si de fogonazos luminosos se tratase, recuerdos nítidos y exactos acuden a mi memoria. Reproduzco momentos pasados, y muy pasados como si hubiesen sucedido hace escasas horas.

Carecería de importancia si no fuera porque en alguna ocasión, he descrito y escrito alguno de ellos aquí, y al cabo del tiempo, los he releído y he llegado a dudar de si realmente fue así, si no son vagos recuerdos endulzados por la memoria que en esencia son reales, pero adornados por la imaginación.

Pongamos el ejemplo, hoy me vinieron a la cabeza unas palabras, una conversación que tuve con un amigo hace unos diez años, si no más. Tampoco fue un fogonazo sin más, aquello venía a cuento de lo que estaba pensando, pero podía verle perfectamente, con un traje azul que le sentaba muy bien, con la corbata con los colores y el escudo de su club de fútbol. Con su seductora sonrisa y aquellas manos gesticulando armoniosamente, elegantemente, acompañando sus palabras, y aquel reloj caro, bonito, que bailaba en su muñeca izquierda mientras giraba el anillo de casado. Y en aquella cafetería que tanto frecuentábamos y que tanto me gustaba. Si cierro los ojos puedo revivirlo como si hubiese sido hoy por la tarde.

No recuerdo lo que hablábamos, pero recuerdo que me decía que eso era igual que si tu mujer llegaba a casa con la cremallera de la falta bajada, lo normal era que os rierais y no dejase de ser una situación cómica. Pero la misma situación después de haber pasado por una infidelidad sería una tremenda bronca y una situación dramática.

Cada vez que el tema de la confianza viene a mi cabeza, recuerdo lo de la falda.

Hoy conducía mi coche, con otro motor de segunda mano, con varias piezas cambiadas, cada ruido no me parecía normal, ¿andaba así antes?; ¿se revolucionaba antes así?, ¿la temperatura es normal?. Daba tirones, ¿ o era yo?. Incertidumbre, confusión, ofuscamiento, dudas.

En un momento dado, entre risas, me acordé de la cremallera de la falda y pensé que mi coche está con la ropa interior vestida con las costuras a la vista.

Tuve un amigo que cometió la irreverencia de morirse joven, que tenía un traje azul que le quedaba fantástico, que le envidiaba como le quedaba, así como envidiaba un reloj que me encantaba. Encandilaba con sus gestos y giraba el aro de casado cuando estaba nervioso.

Seguramente el día que mantuvimos aquella conversación ni vestía así, ni fue en aquella cafetería, seguramente la memoria me engañe, pero ahora mismo me jugaría lo que él quisiera que no me jugara porque fue así.

Seguramente perdería.


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