Posteado por: barrenado | octubre 13, 2010

A TOMAR EL SOL

Hace dos lunes, era mi primer día de trabajo después de la vacaciones. Fue bastante duro, pero no por el trabajo, sino por la adaptación. En un momento dado, teníamos que esperar, a perro puesto, un indeterminado tiempo. En mi trabajo suele pasar en muchas ocasiones, hay cosas muy urgentes que hacer, pero paradójicamente tienes que estar parado esperando que alguien acabe lo suyo primero. El caso fue que en lugar de estar allí con las manos en los bolsillos o sentado, me interné por un camino que había cerca a curiosear. Es algo que me fascina, meterme por los caminitos de los pueblos a ver las huertas, las casas, los árboles y, por encima de todo, los frutos silvestres (y los no tan silvestres).

Todo el que haya robado una pieza de fruta de un árbol sabe que no sabe igual, sabe a lo que me refiero.

Pues ahí estuve yo, dando buena cuenta de higos, nueces y avellanas mientras alarmaba a todos los perros de la zona, más de una hora hasta que mis servicios fueron requeridos con la máxima urgencia.

Eso es algo de mi trabajo que a veces me saca de quicio, puedes estar horas sin hacer nada y de repente salir trabajo y tener que echar dos horas extra a parte de las dos que siempre echamos en voluntariado belga.

Hoy, primer día de trabajo después de un largo puente, no hubo esa suerte, tocó trabajar duro. Bueno, en realidad tampoco fue trabajo duro, fue trabajo físico duro. La verdad es que me lo tomé con buen humor y con responsabilidad, hay veces que toca comer higos, nueces y avellanas y otras en las que toca sudar, y cuando digo sudar, digo empapar la camisa. Me duelen los brazos, la espalda y las manos y seguro que mañana habrá agujetas pero como se suele decir y oír, ¡te jodes, haber estudiado cuando estabas a tiempo!.

Y no, no es lo que parece, no me estoy quejando ni mucho menos, todo lo contrario. En un momento dado, en plena faena y cuando me enjuagaba el sudo con la mano, tuve una sensación de bienestar indescriptible. Chorreaba sudor por todos los poros y me sentía muy bien, no sé, grande, fuerte, creo que hasta guapo, útil, vivo en una palabra. Creo que me sentía feliz. En ese momento pensé que a veces tocan higos, nueces y avellanas y otras la duras, y que hay que estar a todas.

Escupí las manos en un gesto más simbólico que práctico y continué feliz con la tarea.

Al finalizar, divisé muy cerca una higuera (yo la llamo de otra manera pero es lo mismo). Me lancé corriendo hacia ella pensando que al final, y después de todo, también podrían tocar higos, pero no. Haberlos los había, pero estaban muy verdes. Entonces le pregunté al compañero que cómo podía ser posible eso, apenas medio quilómetro de distancia, incluso una semana más tarde y unos higos estaban maduros y estupendos y otros verdes y no comestibles.

–          Eso es por el sol, seguro que a aquellos les dio más.

–          ¡Claro!, pues voy a ponerme yo al sol, a ver si maduro y de paso, a ver si a la mujeres les da por comerme.


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