Posteado por: barrenado | enero 2, 2011

AÑO NUEVO

Alto, parada y fonda.

No hay mal que por bien no venga y el mal tiempo dio al traste a los planes de hoy. Demasiada niebla para inmersiones en el bosque, así es que descanso.

Una breve parada en la vertiginosa vida que llevo últimamente.

No festejé la noche vieja y el año nuevo madrugué y lo pasé en tierras extrañas, lejanas, no mucho pero lo suficiente para que fuesen desconocidas o, más bien, reconocidas después de tiempo. No voy a extenderme en lo desagradables que son estas fechas para mí, pero no me gustan, aunque por momentos me deje contagiar por lo poco bueno que pretendan tener.

Así es que hoy, en lo referente a lo cotidiano, podría decir que era año nuevo. Nunca pasa nada. Un año se va, otro llega y al final no es más que un día que se deja empujar por otro.

No, no es cierto. Hoy es un día muy diferente del de hace dos. Hoy he notado que hemos cambiado de año. Hoy empezó un nuevo ciclo en mi vida, que cerró otro el pasado año.

Hoy, como siempre, siempre que no estoy saturado de compromisos y eventos como estos días pasados, me dirigí al bar, me pedí un café, cogí la prensa y comencé a leer mientras revolvía el café instintivamente, sin mirar. Y sin mirar, instintivamente y tras el primer sorbo ardiente, mientras chasqueo la lengua silenciosamente saboreando el café, eché mano del bolsillo interior de la chaqueta y saqué un cigarrillo. Busqué con la mirada un cenicero y sorpresa. No había cenicero. Caí en la cuenta, está prohibido fumar.

El resultado final muy fácil, y rápido. No llegué a pasar de la sección de deportes del primer periódico, cuando otras veces suelo leer tres. El último sorbo del café aún ardía y me despedí con un adiós y no un hasta luego. Y que nadie crea que salí por la puerta y encendí el cigarro, no. No era síndrome de abstinencia. Fue un sinsentido, un vacío, una sinrazón. Un no sé qué que qué sé yo. No, sencillamente, no.

No es lo mismo.

¿Alguien se imagina a Hamlet recitando sin una calavera?

Pues tampoco yo me imagino leer la prensa en el bar sin un café y un cigarro en la mano.

Claro que se puede. Pero para eso me compro la prensa y me la leo en casa con mejor café, menos ruido y si quiero fumo, o no. Pero puedo elegir.

Se acabaron mis días de prensa en el bar.

Aquellos maravillosos momentos quedarán grabados en el fondo de la memoria, ese maravilloso trastero atestado de recuerdos y que visitamos tan a menudo algunos, sin ánimo de limpiar ni colocar nada.

Este año he notado el cambio, y mucho. Este año cambiaré algún hábito, lo modificaré seguro. Inapelablemente bajo el yugo de la ley. Cada año que pasa alardeamos de conquistas de libertad, pero cada año hay más prohibiciones. Elevamos la cota de libertad a costa de sanciones y prohibiciones, gran contradicción en sí misma.

No dejaré de ser un apestado, hasta un proscrito a veces por el hecho de ser fumador, pero dejaré de entrar en los bares. Trataré de no formar parte de esa patética estampa formada por grupos de personas fumando a las puertas de los bares y dejaré de fumar cuando me dé la gana si es que puedo, y si no, me moriré, pero lo sé, nadie me ha engañado.

Hay tantas cosas que perjudican seriamente la salud.

Voy a fumar un cigarro a la ventana, que aún puedo hacerlo y la prensa, pues por internet.


Responses

  1. Jejeje. Lo siento, querido amigo, pero yo estoy encantada con la nueva ley. 😉


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