Posteado por: barrenado | enero 18, 2011

ACEPTAR

A lo largo de mi vida he tenido el privilegio y la suerte de conocer a gente muy interesante, desgraciadamente, la mayor parte de las veces fueron encuentros efímeros, amistades infravaloradas, relaciones casuales y fugaces …..

No supe o no pude establecer lazos de amistad firmes y duraderos en la mayoría de los casos, o simplemente, las circunstancias de la vida nos separaron, como se suele decir, tomamos caminos separados.

Una de las mayores fuentes de sabiduría de las que bebí, en escasa medida desgraciadamente, fue en el bar. En los bares del pueblo junto a mis vecinos. Junto a mis mayores principalmente.

Escucharles mientras jugaban la partida, mientras comentaban las noticias del día, mientras recordaban, sobre todo, mientras recordaban.

Había un vecino con el que tenía lo que podría llamarse una buena amistad. Bien podría ser mi abuelo, por la edad. Charlábamos muy a menudo. Como creo que la mayor parte de ancianos, al menos cuando yo era joven, no dudaba en dar un consejo a la mínima oportunidad, y yo, yo le escuchaba.

–          Yo nunca hice caso a mi padre porque era un anticuado, pero mi padre tampoco hizo caso a mi abuelo, porque era un anticuado. Tú no me harás caso ni a mí ni a tu padre, porque somos unos anticuados igual que tu padre tampoco le hizo caso a tu abuelo. Pero te darás cuenta algún día de que teníamos razón, igual que yo y tu padre nos dimos cuenta de que nuestros padres tenían razón. Así que para que no perdamos tiempo ninguno de los dos, tú no hagas caso a lo que te digo, pero memorízalo para que cuando empieces a darte cuenta de que los mayores teníamos algo de razón, aún te pueda servir.

Tampoco le hice mucho caso en eso, pero alguna cosa memoricé, por si acaso, igual que unos días antes de hacer la comunión recé mucho, por si acaso.

A este buen hombre, con el que disfruté de maravillosas conversaciones, aún le veo con frecuencia y nos saludamos, charlamos un poco y sobre todo, nos preguntamos por la salud de nuestros familiares cercanos, pero ya no mantenemos sanas discusiones ni compartimos inquietudes. Esas cosas se fueron perdiendo, diluyendo.

Cualquier día de estos reúno fuerzas, me trago el poco orgullo que me queda, y le doy la razón. No por nada en especial, sino porque la tiene, aunque sea un anticuado.

Me decía que el camino a la felicidad es un camino de aceptación. Comunista y ateo, de firmes convicciones, recalcaba que no era la aceptación clerical, la del yo pecador, la del yo sufridor. Era simple y llanamente aceptar.

Aceptar que no puedes ser más guapo, más fuerte, más alto, más listo ………

Aceptar que una chica te deje, que no le gustes a otra, que les gusten otros …..

Aceptar que no sabes hacerlo todo bien, que no todo sale bien ……….

Aceptar que te tienes que enfrentar a problemas.

¿Puedes hacer algo?, hazlo, ¿no puedes hacer nada?, acéptalo. Las cosas como vienen y como son. Hay una canción que lo dice, si tiene arreglo, se arreglará, si no lo tiene, arreglado está.

Hoy por hoy, le hago algo de caso, aunque aún me resisto a hacer caso a los demás.

Hace tiempo que acepté que me quedaré sin trabajo. La obra se acaba. No hay perspectivas halagüeñas, no hay trabajo a la vista, pero hay que aceptarlo. No sé si soy un poco más feliz desde que lo acepté o un poco menos infeliz, pero sé que he ganado.

Hoy ha habido trece cartas de despido, ninguna era para mí y aún me queda trabajo, no sé cuánto. Sobra gente para el trabajo que queda. Y lo cierto es que a mí, como a todos, me contrataron para hacer una obra, para acabarla y la estamos acabando, lógicamente.

Aún habiendo aceptado, no puedo evitar estar un poco triste, pero también he de aceptarlo.

Como se suele decir, esas trece vidas junto con la mía, han de tomar caminos separados.

Afortunadamente guardo en mi memoria muy buenos recuerdos de estos trece compañeros que espero conservar, junto a los buenos consejos que ahora pongo en práctica, regalo de un viejo vecino.

Y al final, todo tiene arreglo, menos la muerte, que no deja de ser un arreglo en sí misma.


Responses

  1. Me ha encantado eso de que la felicidad es un camino de aceptación. Como tú no eres anticuado, creo que memorizaré la frase e intentaré hacerla mía.
    Muchísima suerte y un enorme beso.

    • Me quedo con el beso.
      Y recuerda, si no puedes hacerla tuya, acéptalo, je je je.
      Un beso y si te va bien, cuéntamelo.


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