Posteado por: barrenado | enero 25, 2011

AUTOANÁLISIS

Supongo que estaré equivocado, como en tantas cosas, pero suelo analizarme por mis reacciones inconscientes. Por lo que podría llamarse mis actos reflejos.

Los actos conscientes, los pensados, los meditados, suelen pasar por muchos tamices, digamos que no los considero naturales. Puede que no me digan cómo soy en realidad y me digan más cómo quisiera ser o cómo aparento ser.

A veces me sorprendo a mí mismo para bien, y otras, desgraciadamente, para mal.

Estábamos disfrutando de un cancerígeno y asesino cigarrillo a la puerta de un bar, huelga decir que no me dejan fumar dentro, cuando salió un hombre de mi edad, rondaba los cuarenta. Se subió a la moto, y cuando digo moto, digo moto, de las de gran cilindrada. La arrancó y se excedió en acelerones. Contaminó acústicamente el ambiente con repetidos acelerones ensordecedores. Salió demasiado rápido y siguió dando acelerones para acabar haciendo una tremenda estupidez, lo que en el argot motorista se denomina abrir gas con la rueda inclinada. Algún día hablaré de mi pasado motero y mi idílica relación con las dos ruedas.

El sonido de la chapa contra el suelo nos alertó. La moto arrastró bastantes metros por el suelo y el motorista también.

Raudos y veloces mis dos acompañantes se prestaron a auxiliarle corriendo hacia él. Tres o cuatro personas más que por allí había también se acercaron. Supongo que no todos con el afán de ayudar sino más bien por el morbo de lo ocurrido y la expectación que levanta el ser privilegiados espectadores de la desgracia ajena.

Yo me quedé impertérrito.

Acabé el cigarro y ni me moví. Lo observé todo desde la distancia.

Afortunadamente no le ocurrió nada al motorista y a la moto, chapa y pintura. Unos arañazos.

Todo tiene su por qué. Y toda causa su efecto.

Me pareció una consecuencia tan lógica, tan previsible.

Lo malo es que me quedé muy mal a gusto.

¿Por qué no había ido a socorrerle?.

Bien es cierto que no le di un corte de manga, ni grité ¡qué se joda!. Tampoco lo pensé. Hasta ahí bien porque hasta cierto punto bien merecido lo podría tener. Pero no, no tengo remordimientos de conciencia en ese sentido porque ni le deseé nada malo ni me alegré por su desgracia en ningún momento ni tan siquiera en el fondo.

Me dejó jodido mi reacción.

Hubiese estado mejor que hubiese echado a correr a socorrerle como hicieron los otros y después, comprobado que no se había hecho daño, me hubiese reído, o le hubiese llamado tonto, fanfarrón, gilipollas ……..

Pero no, me hice piedra, como quien oye llover.

Tampoco es para decirme a mí mismo que soy mala persona, pero no me gustó, no me ha gustado nada.

Y eso que vengo de otra reacción que me llenó de orgullo y satisfacción. Como tantas veces, una de cal y una de arena. Por supuesto que la voy a contar, faltaría más.

Fue una de esas cosas que te hacen pensar que en el fondo, eres muy buena persona.

Fue unos de esos actos reflejos que te devuelven la fé en ti.

Fue …….  Bueno, quizás perdería el encanto si lo contara. Quizás otra persona no lo valoraría como lo hice yo, quizás ……… quizás lo pienso y lo cuento mañana.


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