Posteado por: barrenado | febrero 6, 2011

BUENOS CALDOS Y DOLORES DE BARRIGA

Es muy difícil explicar una cosa sin contextualizarla.

Yo soy yo y mis circunstancias, claro está, pero el decorado ayuda mucho al actor.

Una cosa lleva a otra y otra a otra hasta que te encuentras en un sitio, muy lejos del origen y muy lejos de explicar cómo has llegado ahí.

Bueno, tampoco hace falta ponerse muy filosófico para explicar lo de hoy. Lo que me ocurrió hoy, quiero decir.

Fui a comer a mi casa y llevaba la comida, otra cosa no pero cocinar tampoco se me da bien, ni siquiera se me da.

Abro la nevera y sólo tengo agua y cerveza sin alcohol.  Hay días para todo y hoy no me apetecía ninguna de las dos cosas. Estudio la situación y empiezo a barajar posibilidades.

Descarto rápidamente las burradas que se me ocurren al principio y me quedo con dos factibles, bajar al bar a por un refresco de lata o subir al trastero a por una botella de sidra de las dos que tenía a buen recaudo.

En mi casa, de toda la vida, hay por costumbre sacar lo mejor que hay cuando vienen invitados.

Una costumbre que es como un lunar, se nace con ello y nunca se rapara en ello, de toda la vida se hizo y nunca reparé en ello hasta que hace un par de años o tres pasó algo curioso.

Tuvimos unos invitados, mi padre sacó una botella de vino, huelga decir que la mejor que había en casa, y que encima se guardaba junto con otra igual como oro en paño para cuando viniese alguna visita. El susodicho invitado se cepilló más de la mitad y luego se quejó amargamente de la calidad del caldo. Aparte de la falta de respeto y de educación del invitado, sobradamente demostrada en otras ocasiones y que no nos caía por sorpresa, aquello dolió mucho a mi padre.

Aquí es dónde entraría en juego lo del contexto porque a mi padre habría que conocerle y de esa forma sorprenderse porque algo le pareciese mal. Afable, tranquilo, campechano, despistado, muy despistado también, humilde y bonachón, para que algo le parezca mal tiene que ser muy gordo. Y aquello para él lo fue.

El caso fue que a los pocos días descorchó la botella gemela de aquella en una comida ordinaria. Le pregunté que qué se celebraba y me dijo que nada:

–          Nada, pero para que venga algún cabrón y me la beba …..

Aquello marcó un antes y un después en mi casa. Aquella frase quedó grabada a fuego en la conciencia colectiva de mi hogar. De tal forma que cada vez que se hace algo extraordinario en mi casa, siempre sale a relucir esa frase. Para que venga algún cabrón y nos lo beba, nos lo coma, nos lo rompa ………………

Hace muchos años, más de los que quisiera, un señor cura que Dios lo tenga en su gloria o le tenga reservado un sitio dado que no creo que yo vaya allí, estaba dando clase. Soy sincero si digo que no recuerdo a cuento de qué dijo lo que dijo porque seguramente yo no estaba atendiendo, pero lo dijo:

–          Es como esa costumbre que tienen los pobres de dar lo mejor a sus invitados y quedarse ellos sin nada. Una cosa es dar y otra diferente compartir.

No recuerdo cómo seguía porque seguro también que dejé de atender en ese momento. Seguro que dentro del contexto tendría su lógica, o no, pero en aquel momento también a mí me dolieron esas palabras.

Aquello era como decirme que en mi casa éramos pobres y por eso hacíamos eso.

Son cosas que se te quedan grabadas.

A lo que iba, que hoy subí al trastero y bajé dos botellas de sidra muy valiosas para mí que guardaba para recibir alguna importante visita.

Al descorchar la primera me dije: ¡Para que venga algún cabrón y me la beba!

Al descorchar la segunda me dije: ¡Pobre pero no idiota, bendito caldo!

Y luego, luego a dormir. No suelo beber alcohol y los efectos se multiplican. Ayudado por las paredes del pasillo, ya que tropecé dos o tres veces, fui a la cama directo, muy contento y alegre, y me regalé una larga y placentera siesta.

Y ahora mismo recuerdo por qué no suelo beber ni gota de alcohol, porque el estómago se queja amargamente y, la verdad, tampoco fue que me emborrachara, pero con poca cosa la barriga me atormenta.

Debería haberme bebido una, lo sé, o ninguna, pero para qué, ¿para que viniese el día menos pensado algún cabrón y se las bebiese?.


Responses

  1. Jajaja. Bien hecho, Barrenado, pero las dos… de una sentada…

    • Esto ……., bueno ….., de una sentada…. en dos horas, dos horas y media, comida por el medio ……. pero de una sentada, creo que se puede decir así.
      Eso sí, estaban de buenas ………..


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