Posteado por: barrenado | marzo 7, 2011

UNA TARDE CON LA ABUELA

Hoy he visitado a mi abuela.

86 años, una lucidez extraordinaria. Se cayó hace un par de meses y se aplastó una vértebra. Aún se está recuperando. Me sorprendió la vitalidad que alumbraba hoy. La vi muy bien, pero a la vez bastante mal. Yo y mis contradicciones. La vi muy bien con respecto a la última vez que la había visto, una semana o poco más. La vi muy torpe unos minutos después, pero a la vez, con 86 años y en manos de un fisioterapeuta aún, convaleciente, estaba estupenda.

Todo es según cómo se mire. Y así estaba cavilando yo de regreso a casa, después de mi partido de fútbol sala de los lunes. Estaba rumiando mi reunión con mi abuela y me gustó recordar cómo hacía planes de futuro, con 86 años. Creo que tengo abuela para rato. Y fue entonces cuando me acordé de mis planes para este año.

Lo deberes sin hacer. Esos buenos propósitos que se hacen al comenzar el año, esos objetivos, esos planes anuales. Sin hacer aún.

Y mi mente me volvió a jugar una mala pasada, me dije eso de que total, nunca los cumplo, todo sale siempre mal.

Y no, no es cierto. Este año aún no los he hecho y puede que ya no los haga, pero recuerdo muy bien que hace dos años me propuse hacer más deporte, hacer nuevos amigos y alguna cosa más que no recuerdo.

Como no lo recuerdo, pues nada, lo olvidado ni agradecido ni pagado.

Tengo un grupo de amigos con los que juego los lunes al fútbol sala. Tengo otro grupo de amigos con los que juego al fútbol sala los miércoles. Tengo otro grupo de amigos con los que voy a la montaña al menos una vez al mes. Tengo otro grupo de amigos con los que voy al fútbol a ver al equipo de mi pueblo, que ahora que lo recuerdo, ese fue otro propósito, salir aunque sea a ver el fútbol un día del fin de semana y reconocer los pueblos y ciudades del entorno. Luego tengo un grupito de amigos en el trabajo, los amigos de toda la vida y uno o dos o quizás tres amigos de verdad.

Decía un profesor de matemáticas que cuando tuviéramos un problema, que lo analizáramos, la mayoría de las veces, por no decir todas, la dificultad estribaba en la estrategia.

Puede que sea así, lo que falla no son los propósitos que me puse en su día, si no la estrategia para afrontarlos, quizás no eran para un año, sino para un año y un par de meses o tres.

Y hoy, precisamente hoy que visité a mi abuela, caí en ese detalle, y en la importancia de lo conseguido.

Maniobraba en la cochera cuando aprecié lo que tengo. Y creo que me merezco un premio por ello, así es que creo que para lo que queda de año, no seré duro conmigo mismo, me voy a proponer mantener lo que tengo, que no es poco, y en poco más de un mes, dejar de fumar.

Y el resto, pues el resto día a día, golpe a golpe y paso a paso.

¿ Y a qué viene todo esto?, pues creo que como la abuela no le regaló los oídos al nieto, la pobre bastante tiene con lo suyo, pues el nieto se los regaló a sí mismo.

Y como dice a veces un amigo, porque yo lo valgo.

Cuatro líneas más tarde ya me estoy arrepintiendo del propósito de dejar de fumar. Bueno, aún queda poco más de un mes, así es que me voy a fumar un cigarro.


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