Posteado por: barrenado | abril 1, 2011

MI CARTERA

Acabo de entrar en mi casa y me ha invadido un sentimiento de paz, de tranquilidad. Una sensación de que el tiempo se ha parado, al menos, de que se ha contraído. El silencio, la calma, la ansiada paz.

Dispongo de unos minutos libres y comienzo a barajar opciones, la primera es ocuparme del blog, he de escribir al menos un post porque siento que lo tengo muy olvidado, por falta de tiempo, pero olvidado. La segunda viene dada por un hecho muy reciente. La opción es combinar las dos opciones.

Al filo de la media noche me encaminaba a mi casa, portátil bajo el brazo, dispuesto a disfrutar de una sesión descafeinada de cine. Sobre la marcha, decidí dejar el ordenador en mi casa y bajar a tomar un café en el bar de abajo que se apreciaba bastante animado. No estuvo nada mal, conversación, café y unos veinte minutos muy entretenidos. Llega la hora de pagar y marcharse con la música a otra parte, o lo que es lo mismo, subir a casa a ver una película y matar el sábado noche. Y en ese momento sucede un hecho que no se podría denominar vergonzoso, pero bastante ruborizante. Saco la cartera, la abro encima de la barra y comienza a caer polvo y cuatro o cinco piedritas. Afortunadamente el montón de polvo es de color tierra, porque era tierra, pero no es la primera vez que ando entre cemento o yeso y el color blanco del polvo podría resultar cuanto menos sospechoso.

Al final todo se queda en unas carcajadas de la camarera y un poco de vergüenza por mi parte.

Así es que ahora me toca limpiar la cartera y de paso titular mi post con un contundente “mi cartera”. Siempre me ha resultado interesante saber lo que puede llegar a albergar un bolso de una mujer. Es sorprendente. Pero también puede resultar interesante saber qué lleva un hombre en su cartera, y digo puede porque la verdad que la mía es bastante sosa.

Mientras saco cosas y las limpio voy a comentarlas.

Calendario de mi grupo de montaña. Prescindible, creo que lo llevo para presumir, además ocupa un lugar bien visible. Debajo están la cartilla del médico y la tarjeta de crédito. Ambas necesarias, pero espero no tener que usarlas nunca.

En el otro lugar bien visible el carnet de socio de mi equipo de fútbol. También prescindible porque me conocen de sobra en el campo de fútbol y nunca me lo piden, pero también lo llevo para presumir. Debajo el carnet de identidad.

En el monedero tres monedas de un euro y una de cincuenta céntimos.

En la billetera un billete de diez euros y uno de cinco euros.

El carnet de conducir y dos boletos de lotería. Por cierto que son de ayer y de hoy y están sin comprobar. En estos momentos puedo ser multimillonario y estar de madrugada limpiando la cartera y escribiendo en el ordenador.

Y por último, en un departamento muy pequeño y escondido, un billete de cincuenta euros muy doblado hasta el punto de ocupar menos que una moneda.  El “por si acaso” que le llamo.

Hace muchos años que tengo un “por si acaso” y la verdad es que no recuerdo haber tenido que recurrir a él nunca. Nunca se sabe, pero nunca lo he utilizado, esa es la verdad y la contradicción.

Una gran contradicción y una gran carga inútil. Inútil en toda su amplitud. La verdad es que quitando el dinero, que bien podría llevarlo en el bolsillo, el resto es completamente prescindible. Me acabo de dar cuenta de que cargo siempre con la cartera y en realidad todo lo que hay en ella es por si acaso. Por si acaso y por presumir.

Hay que ver con la cantidad de cosas innecesarias que cargamos a diario y no me refiero sólo a las materiales porque si me pusiera a contar la cantidad de cosas que llevo en la cabeza y ………………


Responses

  1. Uy, en la cabeza, qué me vas a contar… Mi bolso pesa muchísimo. Llaves, cartera, bolígrafos, más llaves, pañuelos de papel, una barra de labios que jamás utilizo, crema de manos, agenda… mi madre se escandaliza cada vez que le toma el peso y hay veces en que me pongo a escribir en la pizarra y son los chiquillos los que me avisan que tengo el bolso colgando. Cuánta carga inútil. Un beso.

    • Carga inútil sin duda, pero lo que más me llamó la atención es todo lo que se lleva por si acaso, por lo que pueda ocurrir. Y que jamás ocurre, esperemos.
      Ese beso lo voy a meter en la cartera, otro para ti para que lo metas en tu bolso, que los únicos besos que pesan son los que no se dan.

  2. Qué bonito, Rubén. Muchas gracias. Me vienen de miedo, que ando mimosona.


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