Posteado por: barrenado | abril 16, 2011

COMIDA DE LATA

No estaba mamá para hacerme la comida así es que hice de cocinero.

Lata de comida precocinada, por supuesto.

Manos de manteca como a veces me dice mi padre, se resbala la lata y va a parar a dónde si no. Efectivamente, a la herida. Basta que uno tenga una pequeña herida para que todo tropiece en ella cual imán. Golpe en la dolorida espinilla izquierda. Todavía dolorida y un poco raspada, de la misma forma que mi codo y no porque las heridas del miércoles pasado fueran importantes, si no porque todos los golpes han ido a parar allí desde entonces. Cómo curarlas.

Me agacho a acariciármela y apoyo el codo derecho en la silla que hay cerca y calambrazo, recuerdo que también allí tengo una herida.

Mientras me acaricio la espinilla descubro superpuestas dos pequeñas cicatrices, una en el nudillo del dedo índice de mi mano izquierda, y otra en el centro de la espinilla de la pierna izquierda.

Y me río. Me tengo que reír porque si alguien me preguntará cómo me las hice la respuesta sería que me di un hachazo en la mano y me serré la pierna. Suena a chiste, en el mejor de los casos, pero así fue.

Recupero la compostura y vuelvo a meterme en el papel de chef. Compruebo la fecha de caducidad de la lata y maldigo en voz alta. A estas alturas, en el siglo veintiuno y que no tengan apertura fácil. Busco por los cajones, sé que hay un abrelatas, pero hace tanto tiempo que no lo uso que no sé dónde puede estar. Después de un minucioso registro, aparece herrumbroso.

Me esmero en una limpieza a fondo del utensilio, ya faltaba que cogiera alguna enfermedad de ese modo. Me concentro, no quisiera por nada del mundo tener un accidente doméstico y al final lo consigo.

A todo esto ya ha pasado más de media hora desde que cogiera por primera vez la lata.

Cojo el cazo, volteo la lata y sorpresa. La anillita del abre fácil aparece ante mis estupefactos ojos.

¿A quién cojones se le ocurre poner la marca  y la fecha de caducidad en el culo de la lata?.

Pues seguro que a algún inútil iluminado como yo incapaz de mirar el otro lado.

Con el orgullo herido y la autoestima por los suelos, me meto entre pecho y espalda las dos raciones de la lata, un par de plátanos, una mandarina, un kiwi y dos galletas, empujado todo ello con una generosa ración de pan recién horneado. Al menos hay algo que se me da bien, comer.

Decido bajar la basura y dormir la siesta, si mi madre descubre en la basura la lata abierta por el culo y a mano, con la anilla abre fácil sin usar, es capaz de cualquier cosa, y razón no le sobra.

Y me meto en la cama con esa sensación tan extraña de querer esconderme del mundo.

Y luego llegan los remordimientos de conciencia. No debería comer tanto los fines de semana, por semana trabajo y lo gasto, pero el fin de semana  …………………

Y nada, salgo de casa y para calmar la conciencia después de una maravillosa siesta, me dedico al senderismo y camino algo más de dos horas, a buen ritmo y sudando bastante.

Pero nada de perdonar ni la merienda ni la cena, merecido me lo tengo, que no me he hecho daño en toda la tarde, que con la racha que llevo, ya tiene mérito.


Responses

  1. Eres grande, Barrenado. Cuánto me he reído con la anécdota de la lata… Un besito.


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