Posteado por: barrenado | junio 17, 2011

UNA DE NIÑOS

Me hallaba yo comentando las noticias del día anterior. Es lo malo que tenemos los lectores compulsivos de prensa escrita, siempre estamos a la última, pero del día anterior.

Un rumor dio paso a una ensordecedora jauría de cachorros humanos supurando maldad contenida a raudales.

Bueno, lo cierto es que eso lo pensé después. En principio oí el murmullo de un coro celestial, las risas de los niños siempre me han parecido así.

Salí a su encuentro, más bien a su paso. Todos en fila india. Al principio venían los que supuse tendrían tres y cuatro años, todos con camisas y camisetas blancas y una banda azul con un escudo que no llegué a distinguir. Una hemorragia de halagos brotó de mi garganta alentado por una inusitada alegría. Ellos ni contenían su alegría ni se mostraban parcos en explicaciones.

–          ¡Vaya guapos que vais!, ¡Estáis preciosos!

–          ¡Vamos a la graduación!, ¡Nos vamos a graduar!, ¡Vamos al teatro!.

Y varios maestros los azuzaban para evitar que se pararan a dar todo tipo de explicaciones y hacer partícipes de su felicidad a todo aquel que se encontraban en su camino.

Luego llegó el grupo de los cinco años y supongo que era el de los de seis cuando uno de ellos me sacó la lengua. Siempre ha de haber alguna manzana podrida pensé cuando miro a los siguientes y me espeta uno:

–          ¿Qué pasa viejo?

–          ¿Qué pasa joven?

No le di la mayor importancia y ni tan siquiera la enorme sonrisa que hacía tiempo iluminaba mi cara se había resentido, pero al ver que no había conseguido ofenderme va y me señala con el dedo para gritarme:

–          ¡Calvo!

Mi semblante se oscureció, supongo yo, y una cara de asombro cubrió mi sonrisa. Le seguí con la mirada y permaneció desafiante, manteniéndome la mía. Atónito, retomo la mirada al grupo tratando de olvidar lo sucedido a la mayor celeridad y otro mocoso lechón me encasqueta no sé si por imitación o por producción propia:

–          ¡Calvo de mierda!

–          ¡Tú puta madre, guapetón!

Soy consciente de que lo pensé y no lo dije, lo que no tengo muy claro es si no lo dije por educación o porque estaba tan sorprendido que la voz me había abandonado.

La maestra que estaba más cerca le abofeteó levemente la nuca, lo que viene siendo una colleja, pero le faltó valor para mirarme. Y pensar que con tan noble y ético gesto se jugó el puesto de trabajo, porque una denuncia por agresión o por abuso de autoridad, cosa que lamentablemente está al orden del día, llevaría todas las de perder.

Mi alopecia es previsible, premonitoria, pero la de mi amigo el quiosquero es incipiente aunque creo que ninguno de los dos llegue a los cuarenta usando peine. Comentando la jugada, entre risas y cachondeos me decía que la culpa era mía, que había salido a provocar.

–          Yo estoy a salvo de su crueldad porque soy el del quiosco, “El señor de las chuches”. A mí me respetan pero a la vez me odian con todas sus fuerzas porque soy el dueño y guardián de los objetos de sus deseos.

–          Los niños de hoy en día son pequeños monstruos que no hacen mayores males porque sus fuerzas y sus cuerpos aún en construcción, no le lo permiten.

–          ¿Qué me vas a contar a mí que peleo con ellos todos los días?. Y dejemos de lado a los padres, que una inmensa mayoría está peor que ellos.

Al final va a ser verdad que la culpa es de quienes amamantan a las fieras.

Y así, estúpidamente dolido, buscando mi reflejo en cada cristal y en cada espejo que a mi paso encontraba para evaluar el estado de mi preciado y escaso cuero cabelludo, me retiré a mis aposentos.

Me quedó muy claro que los niños son muy crueles pero, ¿ por el hecho de querer hacer daño o por decir las verdades que los adultos omitimos por compasión?.

Si fueran hijos míos les daría unos buenos bofetones a lo que seguramente sus padres me contestarían que si fueran hijos míos, ellos también.

Es cierto, hasta que cumplen cinco añitos, apetece comérselos, después te arrepientes de no habértelos comido.


Responses

  1. Menos mal que no te encontraste con los de doce, trece y catorce años… jajaja. Su crueldad va en aumento conforme van creciendo. Pero en el fondo, muy en el fondo, se les toma cariño… 😉

    • Les tengo cariño, mucho. Pero no puedo negar que son muy crueles.


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