Posteado por: barrenado | junio 28, 2011

EXTRACTO

Le vi las intenciones, hasta le grité en silencio, no lo hagas, no lo hagas, no lo hagas, pero lo hizo, le acarició el costado, o lo intentó porque ni si quiera llegó a hacerle cosquillas.

El manotazo sonó fuerte, hueco, en mitad de la espalda, breve pero intenso.

¡Déjame, joder, que estoy estudiando, hostia!

Si no hubiese quedado paralizado, se hubiera llevado las manos a las orejas porque el atronador grito le tuvo que doler más en los tímpanos que el manotazo en la espalda. Aunque en estos casos lo que duele de verdad es otra cosa que no se sabe dónde está, ni se puede tocar.

No los mira toda la playa, en los extremos han oído el grito, pero no distinguen de dónde vino exactamente y alguna gente, por deliciosa prudencia y aunque sonrían, siguen a lo suyo.

Un niño de unos tres años la mira atentamente, hipnotizado. En una mano la paleta, en el suelo el cubo y un montón de arena que con algunos arreglos podría ser un castillo. Los brazos abiertos, el pelo rubio, rizoso, el cuerpo rebozado en arena, pequeños pegotes blanquecinos delatan la presencia de excesiva crema.

Pudiera ser el único que la ha creído porque ni ella misma se lo cree. Pero no sabe el significado de la palabra estudiar.  Trata de limpiarse la mano libre llena de arena frotándose en el culo para luego rascarse el miembro viril ostentosamente aprovechando la comodidad de la ausencia total de ropa. Sin la certeza de que no sabe aún su significado podría decirse que es todo un gesto en respuesta a lo que acaba de oír. Niega repetidamente con la cabeza y retoma el monótono golpeo de la arena con la paleta ajeno a todo menos a sí mismo.

Ella continúa con la mirada clavada en los apuntes, pero no estudia, se refugia en ellos. A medida que pasan los segundos se va percatando del desastre que acaba de cometer. Se sonroja paulatinamente hasta que tapa la cara con los folios. Mira de reojo a su chico pero no lo ve. Ha sido muy rápido cuando pudo reaccionar y ha enterrado la cara en la arena aprovechando la séptica ayuda de la toalla.

Un rojo vergüenza ilumina toda su cara, se abanica con los apuntes, al fin van a ser útiles para algo, y dirige su mirada a la inmensidad del mar, o del horizonte, o de la nada. Si no ve a nadie que la mire puede que nadie la mire, ya se sabe, ojos que no ven ………


Responses

  1. Me gusta cómo lo has contado. Desde distintas perspectivas, dejando adivinar qué pasó. Muy bueno.


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